Tenis | Abierto de Australia

Supervivientes

Albert Costa, Beto Martín y Magüi Serna se clasificaron para la tercera ronda. Moyá y Calatrava, derrotados en cinco sets, dejan el torneo junto a Marrero

FIRME. Martín demostró ante Kratochvil que su triunfo sobre Hewitt en primera ronda no fue casualidad.
Actualizado a

Corren tiempos extraños, no descubro nada. Apenas quedan verdaderos héroes (por no hablar de los villanos), ya no hay quien cuelgue un póster en su cuarto. Los ídolos se desmoronan. El tenis, reserva capitalista y criadero de millonarios, vive una revolución proletaria.

La última ronda (o sacudida) del Abierto de Australia volvió a dejar favoritos en el camino. Entre ellos, Carlos Moyá, que perdió ante el alemán Schuettler después de ganar los dos primeros sets y estar en el cuarto a sólo dos puntos de la victoria: 3-6, 6-7 (4-7), 6-1, 7-6 (7-5) y 6-2.

Al terminar el partido, como justificación un tanto romántica, Moyá dijo que había perdido "por arriesgar, por valiente, pero yo soy así y no voy a cambiar". Lo cierto es que perdió porque su cabeza no estuvo (otra vez) a la altura de su inmenso talento y el tiempo pasa. Ya hace cuatro años que ganó Roland Garros y tres que alcanzó el número uno del mundo. Luego vino aquella lesión de espalda y después, muy poco. Y muy poco es nada para quien puede ganarlo todo.

Lejos de la aristocracia hubo mejores noticias. Albert Costa (alta burguesía), Beto Martín y Magüi Serna ganaron. Se quedaron en el camino Marrero (digna ante Henin) y Calatrava, si bien la derrota de este último fue especialmente sangrante, pues tuvo dos bolas de partido ante Escudé (2-6, 2-6, 6-4, 7-5 y 6-4).

De todos los españoles en liza, Costa, que ayer ganó a Black, es quizá el mejor dotado, aunque si señalas a alguien en este torneo corres el riesgo de que se te dispare el dedo. Su siguiente rival será Pavel.

Noticias relacionadas

Por su parte, Beto Martín continúa su hazaña tras vencer a Kratochvil, aunque el público no le perdona aquella interrupción ante Hewitt y hasta la ATP se plantea ahora prohibir las atenciones del médico en mitad de los puntos. Le espera Marcelo Ríos (nº 1 en 1998), que tiene las neuronas como un sonajero y es capaz de ser sublime y patético con la misma facilidad.

Moraleja. La constancia de Magüi Serna, a partir de octavos como Frodo en un mundo de gigantes, resume el único secreto para comerse a los dragones: colarse en las grietas del destino.

Te recomendamos en Polideportivo