Proeza de Martín frente a Hewitt
Un barcelonés de 23 años apeó en primera ronda del Abierto de Australia al número uno del mundo en un partido en el que ni siquiera faltó la polémica.

Es de suponer que para alguien que una vez remontó diez match-balls en un partido (ante Voinea, en Bucarest 1999) todo es perfectamente posible. Incluso ganar al número uno, incluso hacerlo en su casa, Australia, y ante 15.000 espectadores. El barcelonés Beto Martín (23 años y 41 del ránking) consiguió ayer que su nombre diera la vuelta al mundo, de Al Jazeera a Giralda Televisión, gracias a su victoria sobre el arrogante, gesticulero y genial Lleyton Hewitt.
Se podrá decir (y se dice) que Hewitt enfermó de varicela hace 12 días y que no estaba recuperado. Es verdad, pero saltar a la pista con el público en contra también es comparable a sufrir los síntomas de las paperas. En cualquier caso, que nadie se engañe porque Hewitt no se comportó jamás como un convaleciente. Corrió, peleó y provocó, aunque quizá no esperaba un partido tan duro.
Beto Martín se encuentra en el preciso momento en el que se verá si es un tenista de la mitad de arriba o de la mitad de abajo. Y lo sabe. Ayer planteó el encuentro como quien afronta un reto descomunal, quizá superior a sus fuerzas, como quien se sienta ante un cocido maragato. Su rival, en cambio, pensaba en un frugal aperitivo: una aceituna, dos raquetazos y tres gritos.
Una vez superado el meneo inicial (1-6), Martín comenzó a alargar los puntos, parapetado en el fondo, tranquilo y variado. Y Hewitt se descomponía por impaciente: diez dobles faltas, 66 errores no forzados. Con 1-6, 6-1 y 6-4 se llegó al cuarto set. El australiano estaba que mordía a un rottweiler, el público bramaba y el nuestro permanecía impertérrito en pleno infierno (Nota: Martín es del Espanyol).
Así hasta la muerte súbita. El australiano (la varicela da alas) consigue entonces sus mejores golpes y se coloca con ventaja de 0-3. Martín remonta gracias a cuatro fallos seguidos de Hewitt. Luego, empatados a cuatro, el mejor punto. Tras una docena de raquetazos, globo de Martín que salva Hewitt y remate del barcelonés con un smash desde el fondo: 5-4. Y en ese momento de puro frenesí, el español decide parar el mundo y pedir la asistencia del fisioterapeuta.
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Aunque es legal, no es común solicitarlo en mitad de un juego. Fueron tres minutos eternos para masajear las piernas de Beto y torturar la mente de Hewitt, que ya estaba muerto cuando se reanudó el partido. "No soy Supermán", dijo Lleyton al acabar su tragedia. Sólo él tenía dudas.
Y para terminar una noticia buena y una mala. La buena: sin Hewitt, Kuerten y Agassi, los tres primeros cabezas de serie, sólo Kafelnikov da miedo. La mala: se cruzará en tercera ronda con Robredo. Ay, si volviera Moyá...