Fignon no se muerde la lengua
La París-Niza es la primera gran carrera por etapas que abre el calendario. Se celebra en marzo y lo normal en esas fechas es que los mejores ciclistas no estén para nadie. Se dedican a preparar las grandes vueltas y cuando salen en estas pruebas de inicio de la temporada es para rodar, para acumular kilómetros simplemente. Pero la París-Niza la han ganado Bobet, Anquetil, Planckaert, Merckx, Poulidor, Maertens, Zoetemelk, Kelly, Indurain, Jalabert, etc. Quiere decir esto que es una carrera especial, una carrera que todo gran ciclista quiere tener en su palmarés.
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Sin embargo, la París-Niza atraviesa graves problemas. Agoniza. Es posible que este año ni se celebre. Laurent Fignon, que es el organizador, no encuentra patrocinadores para su carrera. Y eso que se trata de uno de los últimos ídolos del ciclismo francés, alguien capaz de abrir puertas que a otros se cerrarían. No encuentra los 300.000 euros (50 millones de pesetas) que le cuesta poner en marcha la prueba. Y Fignon no se muerde la lengua a la hora de analizar los problemas. Dice que nadie quiere asociar su imagen a la de una actividad en la que todo parece sucio por culpa del doping.
Es un aviso para navegantes. El ciclismo es bello, es comercial, es un espectáculo televisivo, tanto que parece inventado para la televisión; sin embargo, cada vez hay menos dinero. Desaparecen equipos, desaparecen carreras y se negocian los contratos a la baja. Los propios profesionales del ciclismo son los primeros interesados en arreglar el problema. Ya dice Fignon cuál es: cuestión de imagen. Para ello bastaría con que no hubiese un solo caso de doping. Mas el ciclismo en vez de aplicar castigos ejemplares a quienes dan positivo, lucha por salvarlos. Y así no vamos a ningún sitio.
