Le pudo la angustia
Se acabó. Tampoco este año tendremos un vencedor español en el Dakar. Nani Roma nos ha vuelto a hacer soñar, pero su caída de ayer nos devuelve a la realidad: esta carrera parece maldita para nuestros pilotos. Habrá que seguir esperando, aunque lo cierto es que cada año que pasa en blanco la ilusión y la esperanza se desvanecen poco a poco.
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Roma ha hecho una competición excepcional. No se ha precipitado en ningún momento, ha controlado de cerca a sus rivales, ha conservado la mecánica, no ha quemado naves de forma gratuita e incluso ha superado los inevitables imprevistos, como los problemas con su sistema de navegación. Sin embargo, me atrevería a decir que ayer le pudo la presión, la angustia de ver cómo ese sueño, que también es el suyo, se esfumaba con crueldad. En las elocuentes y oportunas imágenes televisivas que mostraban el periplo de Joan, vimos a un hombre perdido, desesperado, incapaz de reencontrar el rumbo después de cometer un error de navegación. El de Vic se metió en un fregao del que ni siquiera su pundonor, su esmerada técnica de pilotaje y su excepcional forma física pudieron sacarle. Pronto se dio cuenta de que todo estaba perdido, de que ya no había tiempo para rectificar y el mundo, con razón, se le vino encima.
Llegó la caída, que por cierto no dio la impresión de ser especialmente aparatosa ni grave, más bien uno de esos tropiezos que tanto se producen en el desierto. Lo que sí parecía era que Roma estaba derrotado antes de dar con sus huesos en el suelo. Había renunciado consciente de que, mientras él vagaba en un infinito pedregal, su rival Meoni marchaba firme hacia la victoria. Por eso sólo le quedaba llorar como un niño grande, vencido en un shock nervioso que pudo con su fortaleza tanto como la más dolorosa de las fracturas. Así es el Dakar. Tan exigente como para apoderarse del control de un piloto extraordinario, que nada tiene que reprocharse. Quien da lo que tiene no está obligado a más. Y él lo ha hecho, sin duda. Nosotros tampoco nos rendimos, Nani. Nos vemos el año que viene.
