No está intoxicado
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Me avisa Damián nada más concluir la entrevista: "Es lo que parece, un tío majo. No quiere líos con sus compañeros, ni figurar, ni presumir. La realidad es mucho mejor que la apariencia". Luego, leyendo sus declaraciones, compruebo que va con el freno de mano echado en asuntos que tengan que ver con el colectivo pero que no se muerde la lengua a la hora de reivindicar la dignidad de una vocación que se ha convertido también en un trabajo bien remunerado. Su ataque de cordura molestará a determinadas figuritas del colectivo. Da igual. Por fortuna, las malditas cámaras que dejan en evidencia a muchos, sirven también para descubrir nuevos talentos como el de Undiano. Y ante eso, ni la política de regalos y favores que practican a veces desde la Federación, puede frenar su proyección. Pero, por si acaso, que siga de humilde.
Pero lo que más debe alegrarnos es que este tipo de gente tendrá que servir de ejemplo a futuras generaciones. Gente preparada, con estudios universitarios, alejada de la imagen de antaño, donde el árbitro era en ocasiones un garrulo con tendencias serviles hacia el que mandaba. Y por norma, los que mandaban, con un poco que les acompañara la verborrea, sentaban cátedra como si hubieran inventado esto. Vamos, que no veo a Undiano babeando cuando el venerable asesor de presidencia para cuestiones arbitrales en la Federación, Vicente Acevedo, les dé las habituales charlas en las concentraciones de comienzo de temporada. Mejor así. Entre otras cosas, eso servirá para que el diálogo con los jugadores sea más fluido, para que no se encastillen cuando un periodista les pregunte o para que no peguen con las tarjetas en la cara.
