Y Juanita se hartó
Cojan papel, bolígrafo y un calendario del año pasado. Vayan apuntando. Semana del 8 de octubre: viajes a Detroit y Miami; semana del 15: viaje a Detroit; semana del 22: viajes a Filadelfia, Nueva Jersey, Toronto y Boston; semana del 29: viajes a Nueva York, Atlanta y Detroit; semana del 5 de noviembre: viaje a Boston; semana del 19: viaje a Indiana; semana del 26: viajes a Cleveland, Filadelfia y Miami; semana del 3 de diciembre: viajes a San Antonio, Houston y Dallas; semana del 10; viajes a Memphis y Toronto; semana del 17: viajes a Orlando y Nueva York; semana del 24: viajes a Charlotte e Indiana.
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Y aún hay más. Entre viaje y viaje, parada en casa, pero para salir corriendo otra vez, porque hay que cumplir con diecisiete compromisos en la propia ciudad, tan ineludibles que no se está para nadie. Si un día, al regresar a casa, uno se encuentra las maletas en la puerta y la petición de divorcio colgada de una chincheta, no tiene que extrañarse. Pues eso es lo que le ha pasado a Jordan, que Juanita no tiene por qué tener más aguante que la esposa de cualquier otro mortal. Podrá vivir en una jaula de oro, pero una jaula al fin y al cabo esperando a que Michael apareciera algún día.
Cuando Juanita viajaba con Jordan tampoco se sentía cómoda. Basta recordar su viaje a París, para acompañarle en el Open McDonald´s. O se iba sola de compras o tenía que ir rodeada de diez guardaespaldas. En esas condiciones, mejor renunciar a ir a Disneylandia o a Versalles. De los seis días que pasó en París, sólo tuvo ocasión de cenar dos noches con su marido. Y eso que éste la había dicho que se iban a Francia de vacaciones. Jordan dejó después el baloncesto, pero como ha vuelto con premeditación aunque sin alevosía, Juanita está dispuesta a que se entere de lo que vale haberla dejado sola.
