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Pahíño: el mito blanco que goleó al Madrid con el Depor

Pahíño (San Pelayo de Navia, 1923) ha sido uno de los goleadores más importantes de la historia del fútbol español, del Real Madrid y del Deportivo.

SÓLO EL BALÓN NO HA CAMBIADO. Sentado en el lujoso vestuario madridista, entre los espacios que habitualmente ocupan Zidane y Raúl, Pahíño contempla con una mirada nostálgica el balón. "Al menos la pelota sigue siendo redonda". El habitáculo no tiene nada que ver con el que él utilizaba en su época de jugador.
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Al menos la pelota sigue siendo redonda", dice Manuel Fernández Fernández Pahíño. Todo ha cambiado en el hoy amplio y lujoso habitáculo en el que contempla entre sus manos lo único que en el fútbol, fuera de diseños y materiales, ha permanecido inmutable al paso del tiempo. Sentado en el remozado y majestuoso vestuario local del Santiago Bernabéu, "con el jacuzzi parece la habitación de la reina de Saba", y el balón entre sus manos, Pahíño fija una mirada nostálgica en la esfera que tantas veces empujó hasta las redes adversarias. Una de las ocasiones más sonadas fue cuando le hizo dos goles al Madrid en la temporada 55-56. Aquellos dos tantos significaron la última victoria deportivista en Liga en el feudo blanco: "Sólo cumplí con mi deber. No podía pararme a pensar que había sido jugador del Real Madrid".

Deber y rectitud son palabras que marcaron toda su carrera. ¡Y los libros de León Tolstoi!, que le acompañaban en las concentraciones. No eran los tiempos más indicados ni para leer, ni para adquirir libros de autores identificados con el comunismo: "Los compraba en los puestos ambulantes de Las Ramblas de Barcelona. ¿Qué buscaba leyendo a autores rusos? Gente que era afín a mis ideas". En una época en la que la España de la posguerra estaba fracturada entre azules y rojos, entre vencedores y vencidos, aquella inclinación por estos últimos le dio algún que otro problema: "Yo no me metía con nadie, pero un cronista de un periódico deportivo cercano al régimen franquista en las fichas sustituía mi nombre por una equis, y uno del Arriba quiso justificar una expulsión que sufrí por ser lector de autores comunistas".

No le gusta hablar de rebeldía a Pahíño, si no "de no dejarme avasallar. Me importaba un pimiento si los que mandaban en la Selección eran falangistas. Yo hacía mi trabajo y punto. Recuerdo que en el Celta me negué a entrenarme porque me pagaban poco. Ricardo Zamora, que era el entrenador, me apoyó. Nunca le olvidaré, sabía mucho de fútbol".

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Pahíño se hizo un nombre por ser uno de los mejores goleadores de la historia del Real Madrid y del fútbol español. No ganó títulos, pero ocupa el décimo puesto entre los goleadores blancos de siempre. Su promedio con la zamarra blanca,que vistió de 1948 a 1953 es espectacular, similar al que logró Puskas: 0,86 goles por partido, fruto de los 124 que consiguió en 144 encuentros de Liga y Copa. Es también el segundo en el escalafón del Deportivo por detrás de Bebeto con 46 tantos. Y en el del Celta es el cuarto con 82. En el cómputo global de la Liga ocupa el sexto lugar con 210 goles.

Con esos números, no es de extrañar que el veterano taxista que le condujo desde su casa hasta el Santiago Bernabéu aún le recuerde: "Yo me pegaba por tener un cromo suyo".

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