Yo digo Víctor Fernández

El timo de la ofertita

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No se trata de liarse a dar palos a dos jugadores debilitados por la época oscura que atraviesan en el Sevilla. Es más, desde aquí siempre se ha defendido a los uruguayos cuando recibían dardos envenenados por la deuda que el club arrastra por sus traspasos. La culpa de este drama económico no la tenían ellos y sí la vergonzosa actitud de presidentes pasados.

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Sin embargo, del último acto protagonizado, Otero y Tabaré no pueden escaparse limpios. Sus eternas vacaciones navideñas han destapado un mar de comentarios críticos que dejan desnuda la profesionalidad de ambos futbolistas. La falta de motivación que mostraban en cada uno de los entrenamientos y las vacaciones soñadas en Sevilla no han sido suficientes. Los dos han tirado del descaro para alargar su periodo vacacional y darle así una bofetada a la educación y el respeto con el que el Sevilla les ha tratado en todo momento, a pesar de ser ceros a la izquierda. Insisto, no se trata de hacer leña del árbol caído, pero es que algunos la tienen muy dura. Resulta que, incluso, llegaron a anunciar su retraso en círculos privados con una excusa preparada: las negociaciones con un presunto equipo interesado.

Y así ha sido. Mientras que Tabaré llegaba anoche, Otero utilizaba el conocido y antiguo timo de la ofertita. El delantero uruguayo le ha justificado a Monchi su ausencia por el dudoso interés de un equipo por hacerse con sus servicios. Tan sólo el rezo conjunto de todos los santos del universo haría posible que el Sevilla acabara firmando el traspaso de Otero por unas cantidades mínimamente dignas. De verdad, no se trata de cargar contra la parte más débil. Simplemente, de ser justo con un grupo de compañeros que lo están dando todo por sacar a flote un modesto equipo, con un técnico que les ha permitido seguir entrenándose a pesar de su actitud, y con un presidente al que le está costando la misma vida conseguir dinero para pagar las nóminas de los futbolistas. El Sevilla no puede permitir estos actos y está obligado a imponer una seriedad interna en el club.

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