La fiesta del All Star
Llega la fiesta del baloncesto: el All Star. Además, en unas fechas muy propicias para ello. Se trata de darse un homenaje a lo grande, pues para eso tenemos aquí la mejor liga de baloncesto de Europa, a juicio de los entendidos. Reunir a todas las estrellas para que protagonicen el espectáculo de los mates y triples, y que luego al día siguiente jueguen entre sí, es un éxito garantizado, que responde, además, a los gustos de los aficionados, pues son ellos quienes han votado la formación de los quintetos iniciales de cada equipo. Los entrenadores se limitan a completar el equipo.
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Esto ha permitido conocer las preferencias de la afición. Navarro ha sido el jugador preferido, con 10.683 votos. Es todo un dato. Un español elegido como el mejor entre gente como Bennett, Karnisovas, Okulaja, Beard, Djordjevic, Gurovic, Alston y Tabak. Y otro más, Herreros, sale entre los diez más votados, que son los que hacen falta para formar los dos equipos titulares. La apuesta es clara: el aficionado quiere espectáculo. Ha huido de las estadísticas -no ha elegido, por ejemplo, al máximo anotador, Granger, aunque Scariolo sí lo ha seleccionado-, porque prefiere jugadores de renombre.
El baloncesto es un deporte que ama la estadística, pero ésta no vale para el All Star. El jugador más efectivo no siempre es el que más espectáculo proporciona. Aunque sí sorprende en el concurso de triples la ausencia de Román Montáñez. Es el jugador que mayor porcentaje de triples lleva en la liga ACB (51,3%) y, sin embargo, no estará en el concurso de triples. Y eso que juega en el equipo de la ciudad, Valladolid, donde se celebra el All Star. Pero en esta fiesta la participación es voluntaria y Montáñez no presentó su candidatura en la lista que envió el Fórum a la ACB. Una pena y una contradicción.
