Los abuelos de Gasol
Les parecerá un sacrilegio, pero creo que estamos siendo un poco provincianos con el asunto Gasol. Una cosa es que nos alegre su desembarco feliz en la NBA y otra que festejemos cada uno de sus encestes como si hubiera descubierto la vacuna contra el SIDA. Tanto ruido por pequeñas nueces no hace sino evidenciar que, en el fondo, andamos justitos de grandes campeones.
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El día de Navidad, en el Pabellón Saporta, se concentró un puñado de veteranos legendarios cuyo palmarés sí les concede el calificativo de glorias del deporte. Estamos de acuerdo en que Pau Gasol puede ser el mejor español de siempre, incluso el mejor europeo que haya pasado por la NBA, pero está todavía en la academia naval. No le pongamos aún los galones de almirante.
La mayoría de los chavales que acudieron el martes al Pabellón no habían oído hablar nunca de Pino Djerdja o Wayne Brabender, por citar dos casos de ilustres desconocidos. Sin embargo, Djerdja, 250 veces internacional con Yugoslavia, acumula toda clase de títulos nacionales, europeos y mundiales en su palmarés. Y Brabender, campeón de Europa con el Madrid y subcampeón continental con España, ha sido un jugador de libro, por su carácter y técnica. De igual modo que Gasol aprende en la NBA, aprendamos nosotros a rendir tributo a sus abuelos deportivos.
