Más puro, más solidario, más humano
El lema olímpico por excelencia de citius, altius, fortius, cuya traducción es más rápido, más alto, más fuerte, ya no es suficiente en estos tiempos. Así lo ha hecho saber Jacques Rogge, el nuevo presidente del Comité Olímpico Internacional, que habla de un "deporte más puro, más solidario y más humano". No está mal visto. Su declaración de principios es un compromiso de futuro e indica hacia dónde tiene que caminar el deporte. Lo de citius, altius y fortius ya se da por descontado. Ahora hay que lograr que el deporte no sea tramposo, que se universalice y que no esté tan mecanizado.
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No parece tarea insalvable para un movimiento que, como dice Rogge en la Revista Olímpica, ha sobrevivido dos interrupciones a consecuencia de las guerras mundiales, continuos boicots, un ataque terrorista en los Juegos de Múnich 72, escándalos de doping y, sobre todo, su propia corrupción. Cualquiera de estos hechos hubieran sepultado a la más fuerte de las empresas. Con los Juegos, en cambio, no han podido. El coloso siempre se ha vuelto a levantar. Por eso, conseguir mayor limpieza, universalidad y humanidad parece un juego de niños en cuanto se lo proponga.
Pero el primer objetivo -un deporte más puro- es un problema. Rogge sabe que el doping nunca desaparecerá, pero sí que las medidas se pueden endurecer. Ahí lucha contra el mundo. Cada país y cada deporte hacen de su capa un sayo. Si todos aplicasen las mismas medidas, medio dilema estaría arreglado. Al menos podrían excluirse de la competición a todos los que no aceptasen las reglas del juego. El deporte sería menos universal, pero más limpio. En este asunto no sería cuestión de solidaridad. A los tramposos hay que aislarlos como células contaminadas que son. Pero eso es un sueño.
