Prohibido el basket-control
Este fin de semana se celebra una jornada de la Liga ACB muy especial. Los puntos que se anoten en cada partido se convertirán en dinero para la compra de juguetes destinados a niños necesitados. Un punto, igual a 3.500 pesetas. Hoy y mañana, más que nunca, queremos resultados de escándalo, marcadores que se parezcan al del Estudiantes-Cáceres de la undécima jornada (120-104) y no al Madrid-Unicaja de la última (62-60). Hay que ser generosos, olvidarse de las defensas, plantear los partidos al ataque. Al fin y al cabo, si se pierde no pasa nada, la liga regular es un larguísimo trámite.
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Mejor todavía: si todos los partidos tuvieran prórroga, los niños saldrían ganando. Los jugadores dispondrían de cinco minutos más para seguir anotando puntos. Como los partidos de baloncesto se suelen resolver en los últimos minutos, bien podrían pactar los equipos el empate para así jugarse la victoria en la prórroga. Sería hacer realidad un cuento de Navidad. Aunque no hay que soñar tanto. Bastaría con que los entrenadores se diesen una alegría y abandonaran el baloncesto control para que sus jugadores se sintieran también por un día como niños y jugaran a meter puntos.
Todos los equipos debieran ser en esta jornada como el Cáceres, que ha protagonizado cinco de los diez marcadores más abultados en esta liga. Aunque no siempre a favor, porque el Estudiantes le metió 120, el Tau 117, el Fuenlabrada 107 y el Barcelona 103, pero siempre a cambio de hacer también una barbaridad de puntos. Sus partidos suelen ser un intercambio de golpes, de los que sólo una vez salió favorecido, cuando hizo 104 puntos al Cantabria. Hoy y mañana debieran tomar nota equipos grandes, pero parcos en sus marcadores, para seguir el ejemplo de un modesto pero generoso donde los haya.
