Alarma en EE UU por la violencia en los estadios
Los recientes sucesos en Cleveland han conmocionado a la opinión pública, poco acostumbrada a incidentes de este tipo en las gradas.

Las escenas de las protestas en las gradas, tan populares y habituales en el fútbol español, europeo y sudamericano, son una excepción en Estados Unidos. Y por eso los incidentes de Cleveland del pasado domingo se han convertido en un grave problema para la NFL, para los Browns y para todos los equipos de la Liga.
Hubo muchas cosas que fallaron en el último minuto de partido entre Cleveland y los Jaguars de Jacksonville y muchos culpables. Los árbitros, por un problema en sus comunicaciones, decidieron revisar una jugada después de producirse otra posterior, algo que prohibe el reglamento. Además, esta revisión favoreció al equipo visitante, lo que suponía que el partido estaba perdido para los locales.
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El entrenador de los Browns, Butch Davis, salió entonces despedido desde la banda para lanzar una diatriba a los colegiados y estalló el caos. Los espectadores de Cleveland empezaron a regar el campo de botellas mientras que la seguridad del estadio pareció reaccionar torpemente. Nadie en la gerencia del equipo pidió a los espectadores que se calmaran y el colegiado McAulay, decidió por error (no tiene potestad para hacerlo) terminar el partido porque la "seguridad de los participantes estaba en entredicho".
Algunos salieron del estadio muy contentos de su protesta y de su actitud. "Por supuesto que he lanzado botellas, soy una orgullosa aficionada de los Browns", dijo una mujer. Pero para muchos aficionados locales, las medidas llegan demasiado tarde. Un niño que por vez primera asistía a un encuentro de Cleveland salió muy triste y a las preguntas de los periodistas dijo que "no volveré nunca más a un estadio". Traumatizado, el pequeño tuvo que protegerse en el suelo y entre los brazos de su padre para evitar los botellazos.