Ya le deben un Balón
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Ni nos ciega la pasión ni nos altera el patriotismo. Raúl merecía ser Balón de Oro de 2001. Owen, como el fútbol inglés, sigue recluido en su isla. Apareció fugazmente para meterle tres a la soberbia Alemania y para aguar la fiesta del Alavés en la final de la Copa de la UEFA. Pero no ha tenido la regularidad de Raúl, ni en casa ni fuera. Tampoco cuenta con dos Champions en sus vitrinas ni con un equipo tan excepcional que le haga brillar cada jornada. El Liverpool estaría, con Owen, en mitad de la tabla española y no creo que el delantero inglés pasara ninguna temporada de la veintena de goles. En la lista de jugadores decisivos de nuestro campeonato, se situaría en el top ten, pero muy lejos del propio Raúl, de Zidane o Rivaldo. Owen es bueno, muy bueno, pero no tanto como Raúl. A la edad del inglés, Raúl ya reinaba en Europa. Es cierto que los grandes logros del delantero madridista a nivel colectivo coincidieron con fases finales de Mundial o Eurocopa y ahí tenía todas las de perder por los tropezones de nuestra selección, pero en 2001 no había excusa. Rey del gol en España y en la Champions y campeón de Liga.
Cierto es que el márketing hace mucho en este tipo de premios. Desde que Pelé se diera cuenta de ello, los brasileños se venden como nadie. No ganan un Mundial desde el 94 (en realidad no lo ganan de verdad desde el 70) pero Rivaldo y Ronaldo conquistaron el Balón casi por aclamación. Incluso lo han ganado en la última década Stoitchkov, Weah o Sammer. El escaparate del calcio italiano en unos casos, la tradición alemana en otros y los intereses comerciales de las grandes marcas de ropa deportiva, obraron el milagro. Nuestro país estaba a la zaga en algunos de esos aspectos, pero las cosas han cambiado mucho en los últimos meses. Ahora se venden más camisetas aquí que en ninguna otra parte. Nuestra Liga es reconocida en el mundo. El Madrid cuida más que nunca su imagen y la de sus jugadores. Eso se acaba reflejando en las votaciones y por eso el avance en votos de Raúl, que se ha quedado a las puertas. Tranqui, te deben uno.
