Atletismo | Entrenamiento

Martínez levanta 9.000 kilos al día

El campeón español de lanzamiento de peso alcanza esas nueve toneladas acumulando alzadas sucesivas que pueden llegar a los 320 kilos cada vez.

Ángel Cruz
Redacción de AS
Actualizado a

Objetivo de Manuel Martínez: lanzar unos centímetros más allá de los 21,35 metros que tiene como récord español en peso. Medios para conseguirlo: levantar casi 9.000 kilos cada día, en tandas de 240 o de 320. Se trata de colocarse ese tonelaje sobre los hombros, agacharse y volver a subir. Y todo para impulsar una bola de poco más de siete kilos. Una esfera que en sus orígenes era la bala de cañón que se utilizaba en el siglo XVII. Cosa de corsarios y piratas. Los artilleros británicos llenaban su ocio y se fortalecían compitiendo para ver quién la tiraba más lejos. Desactivada, desde luego. Ahora es una bola metálica de 7,257 kilos, el equivalente de 16 libras. Y para lanzarla lejos, tan importantes son el brazos como las piernas, las que impulsan a toda velocidad.

Esta es la época del año en la que Martínez se entrena más fuerte que nunca. Acumula trabajo y carga pilas para cuando lleguen los grandes campeonatos. Acaricia toscas y pesadas roscas de 25, 20 y 15 kilos de hierro que hacen curvar la barra olímpica que el artista leonés (esculpe entre competición y competición) se pone sobre los hombros.

AS presenció un entrenamiento del medallista de bronce en los Mundiales en pista cubierta en la sala de musculación del Consejo Superior de Deportes, en Madrid, con una temperatura polar, en una especie de barraca con escasa calefacción ("la barra está helada", dice Manolo), pero con hilo musical, eso sí. Comenzó abriendo boca con una pluma sobre los hombros. Una pluma de 70 kilos. Una rosquita de hierro a cada lado de la barra. Poca cosa. Ni siquiera perdía la sonrisa. "No gastes carrete, que lo bueno está por venir", dijo al redactor gráfico. Luego sube a 120 kilos, más tarde a 170, luego a 210. Puro calentamiento.

Manolo Martínez considera que el entrenamiento no empieza hasta que se llega de verdad al límite del día, a los 240 kilos. Es lo que corresponde hoy, aunque él puede subir hasta los 320. No tuvimos la suerte de presenciarlo. En este punto ya no hay sonrisas. La barra se curva bajo el peso no de una ni de dos ni de tres, ni de cuatro roscas, sino de cinco en cada lado. Kilos y más kilos. A Manolo le cuesta. El sudor le corre por la cara. Se le hinchan las venas.

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Tiene que hacer cinco tandas de seis subidas con esos 240 kilos sobre las espaldas. Las hace. Se protege los riñones con un cinturón de cuero y se cubre las piernas como si fuera una momia, con un tejido negro semielástico que le protege los tendones. Calza botas de halterófilo. Se las desabrocha entre tanda y tanda de levantamientos y le cruje una articulación. "Se me estaba durmiendo el pie", dice.

Y cuando acaba lo que a nosotros nos parece una tortura, hace una sesión de abdominales y de saltos. Para despertar los músculos, machacados con tanto esfuerzo. Así se fabrica una medalla de oro en los Campeonatos de Europa de Viena, en pista cubierta (1 a 3 de marzo), y al aire libre (6 al 11 de agosto), en Múnich.

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