"La Tierra peligra"
Durante su única visita a España, AS compartió con Sir Peter Blake sus inquietudes como ecologista y navegante.

En la única visita que el malogrado Sir Peter Blake realizó a España, a principios de agosto del pasado año y con motivo de la Copa del Rey de vela en Palma de Mallorca, el navegante neozelandés tuvo un encuentro de media hora con el rey Juan Carlos, patrón del Bribón. Ambos departieron sobre la competición y los futuros proyectos de Blake, que en esos momentos presidía la prestigiosa Sociedad Jacques Cousteau y planeaba ya su primera expedición a la Antártida.
Al término de esa reunión, AS entrevistó al dos veces campeón de la Copa América, que expresó su admiración por el monarca español y afirmó que "tener un rey navegante y competidor es una gran suerte para los españoles; eso le hace ser un rey luchador".
A pesar de su archimillonaria fortuna, Blake se retiró de la competición para defender sus profundas convicciones ecologistas y solamente retornó a las regatas con motivo del 150 aniversario de la Copa América, que el pasado mes de septiembre se celebró en Cowes (Isla de Wight), donde nuevamente departió con el Rey de España.
Con el patrocinio de la firma suiza Omega, Peter Blake consiguió construir el Seamaster, con el que realizó su expedición a la Antártida bajo los auspicios de Naciones Unidas. "Elegí la Antártida quizás por la cercanía con mi país. Se está evidenciando una reducción de la superficie del mar de hielo de esa zona y un aumento de la temperatura de casi dos grados, que en los próximos 100 años podría llegar hasta los cinco. Esta situación expone a toda la Antártida a cambios biológicos y físicos tanto en la zona terrestre como en su ambiente marino. La Tierra es un planeta de agua y la calidad de sus aguas definen la calidad de la vida terrestre. Las emisiones de dióxido de carbono industriales y la contaminación urbana han llegado a niveles insostenibles, y el cambio climático en las regiones polares pueden causar graves impactos físicos, ecológicos, sociológicos y económicos en todo el planeta. Si también contaminamos los mares y no controlamos la pesca, acabaremos con la vida terrestre. La Tierra peligra".
Al contrario que navegantes como Paul Cayard, Grant Dalton o Denis Conner, que viven de la fama y del dinero de sus éxitos deportivos, Blake invirtió su fortuna en un ideal casi utópico. "Navego desde los siete años, siempre he estado en el mar y entre barcos y he dado seis veces la vuelta al mundo. He visto la degradación de las aguas y del entorno. Logré que mi país ganase la Copa América después de 140 años y ahora mi objetivo es proteger esas aguas y concienciar al mundo de que si destruimos el entorno nos vamos a destruir a nosotros mismos".
A pesar de su preocupación por la conservación de los mares, Blake no quería ser el sucesor de Jacques Cousteau. "Nadie puede sucederle. Yo colaboré con él muchas veces y es cierto que, antes de su muerte, tanto él como su esposa me pidieron que me pusiera al frente de la Sociedad Cousteau. Cuando él enfermó su esposa insistió en que aceptase porque mi imagen pública podía transmitir mejor que nadie las ideas de su esposo y de la Sociedad. No soy un comunicador, pero he presentado mis proyectos a la televisión de Nueva Zelanda y están interesados en ellos. Pienso que ése es el mejor camino para acercar a los jóvenes a la protección del medio ambiente, y que el mejor cambio se realiza cambiando el camino actual. Tenemos un programa de expediciones de cinco años, porque los cambios de actitudes necesitan tiempo y quiero demostrar que si nos esforzamos en poco tiempo veremos ya una pequeña diferencia. Pero quizás en un largo periodo logremos una enorme diferencia. Un cambio así no se logra de la noche a la mañana".
La Copa América. Además de sus trabajos como ecologista, la obsesión de Blake era la Copa América, la competición que le convirtió en leyenda. "Para un navegante lo es todo. Además, la superioridad de Estados Unidos fue insultante durante casi 150 años y, tras el fracaso del Reino Unido, fue una asignatura pendiente para los australianos y neozelandeses. Cuando John Bertrand derrotó, en 1983 y por vez primera en la historia de la Copa América a los americanos con el Australia II, el presidente Ronald Reagan lo consideró una humillación nacional".
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"Nueva Zelanda es una pequeña nación donde la náutica es una asignatura escolar desde primaria y casi el 90 por ciento de los habitantes está relacionado de una u otra forma con el mar. Cuando en 1992 Italia nos derrotó en la final de la Copa Louis Vuitton, nadie se dio cuenta de que habíamos tomado buena nota de eso. Esa derrota me enseñó que para ganar la Copa América todos los estamentos de un país deben apoyar al aspirante. Me tocó desarrollar, dirigir y competir en el proyecto. Pintamos el barco con los colores deportivos de nuestro país: el negro, al que le añadimos la hoja plateada de helecho que nos identifica, y así involucramos a todos. Nadie ha ganado la Copa América perdiendo una sola manga en todas las eliminatorias y nosotros lo hicimos. Nunca llegamos a pensar que todo aquello iba a tener la repercusión que tuvo, y más cuando vengamos nuestra derrota de 1992 frente a Italia, al vencerles en la final de este año (2000). Eso era algo que yo esperaba muy en silencio".
Aunque ya lo había anunciado previamente, Sir Peter Blake hizo oficial su retirada de la vela de competición el 5 de marzo del pasado año, un día después de la victoria del Team New Zealand sobre Italia en la final de la Copa América. Ese día decidió cambiar su vida, siguiendo fiel a las ideas del desaparecido Jacques Cousteau, y planeó un programa de expediciones de cinco años. Quería hacer realidad sus sueños de protección de los mares y del medio ambiente, y se dedicó en cuerpo y alma a su proyecto.