Cross: todos contra todos
Lebid, el campeón de Europa de cross, fue octavo en su serie de 5.000 metros en los Mundiales de Edmonton; Maase, el subcampeón, fue décimo en la final de los 10.000 metros; Penti, el medalla de bronce, fue sexto en la final de 3.000 metros obstáculos. Eso es el cross, la competición más pura del atletismo, donde todos los especialista se retan en una sola carrera. Ahí tienen cabida desde los corredores de 800 metros hasta los de maratón. Y para que nadie tenga ventajas, se disputa sobre una superficie neutra. Ni pista ni carretera: hierba para todos y con algún obstáculo que rompa el ritmo.
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La única lástima es que las competiciones de cross han ido degenerándose y se tiende a hacerlas sobre circuitos muy cuidados, con una hierba escrupulosamente cortada, y de la que se han eliminado los obstáculos naturales. Se resta así espontaneidad a la prueba y se favorecen las posibilidades de los clásicos fondistas de 5.000 y 10.000 metros, que pueden mantener sus altas velocidades de crucero con ritmos próximos a los tres minutos el kilómetro y que resultan muy cómodos pues estamos hablando de atletas que durante el verano llegan a hacer cada kilómetro en 2.45 minutos.
Penti, a pesar de ser obstaculista, también compite a estos ritmos -en Edmonton corrió la final a 2.46- y por eso ayer subió al podio. Es un atleta de casta que aceptó el desafío de los Europeos de cross, una competición que llega demasiado pronto, porque los atletas acaban de salir de sus vacaciones y les pilla fuera de forma. Por eso se ven cosas tan raras. A Lebid, el campeón, Alberto García le sacó diez segundos en Edmonton, y a Maase, el subcampeón, Roncero y Ríos le distanciaron en nueve. Pero había que estar ahí y no quisieron. Penti, así, conquistó ayer su pequeña parcela de gloria. Se la merece.
