Genial y romántico
Le quedaba un año de contrato con el Real Madrid. Pero habían perdido la Liga la temporada anterior. Fue a ver a Lolo Sáinz, técnico del equipo, y se ofreció en sacrificio: "Si necesitas mi plaza de extranjero para fichar un pívot americano, hazlo sin temor. El interés del club está por encima de todo". Y así se hizo. Llegó un pívot y cuando llamaron a Delibasic para compensarle por el año de contrato perdido, el jugador contestó: "No me parece honesto cobrar sin trabajar. No quiero nada. Bueno, tan sólo un favor: hacedme socio del Real Madrid. Aquí está el dinero de una anualidad completa".
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Conocerle era enamorarse de él. Jamás he conocido a un deportista más inteligente, más artístico, más humano. No tenía afectos, tenía pasiones. El baloncesto, su país, su hijo, sus amigos, el Bosna Sarajevo y el Real Madrid compartían lugar preferente en su corazón inmenso. El fracaso de su primer matrimonio le causó una tremenda depresión, agravada con el declinar de su carrera deportiva. La tragedia de la guerra civil yugoslava le aniquiló física y moralmente. Nunca pudo sobreponerse a tanta amargura, tanta barbarie.
En sólo dos años Mirza dejó huella imborrable en el Real Madrid, en el que entró al mismo tiempo que Fernando Martín. Aprendió castellano en diez días y se enamoró de España en pocos meses. Era su segunda patria.
