Dar positivo acaba siendo lo de menos
Dana Cervantes dio positivo con nandrolona en 1998 con unos niveles de 9,06 y 10,08 nanogramos. El máximo permitido es de 2,00, cantidad que la comunidad científica admite que se puede encontrar de forma natural en el organismo. En el contraanálisis dio 7,1 y 6,8. La Federación Española de Atletismo no sancionó a la atleta porque las muestras tardaron más de lo debido en analizarse, "lo que introduce una cierta incertidumbre sobre la fiabilidad de las cantidades encontradas en la orina" y porque "los estudios sobre la existencia endógena de nandrolona están en una primera fase de investigación".
El Consejo Superior de Deportes no se creyó estos
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argumentos. Por aquel entonces Francisco Villar era el secretario de Estado para el Deporte, hombre que desconfiaba de las federaciones, y aceptó encantado la sugerencia de su jefe del servicio jurídico, Alberto Palomar, de que había que sancionar a Dana Cervantes. Se puso en marcha el Comité Español de Disciplina Deportiva, y Abelardo Rodríguez, su presidente, e Ignacio Ayuso actuaron con la celeridad y el celo que no mostraban para los presuntos positivos que aparecían en el fútbol: caso de Felip, uno de los porteros del Barcelona.
Dos años de sanción para Dana, recurso ante la justicia, levantamiento cautelar de la sanción y ahora anulación de la misma por haberse iniciado el proceso sancionador fuera de plazo. Resumen: Dana es inocente. Pero no se discute si dio o no positivo, eso es marginal. Lo que parece importar son los defectos de forma. Es lo que prevalece cuando se trata de defender a los deportistas que dan positivo. Éstos ya no tienen que tener sólo un entrenador y un médico; han de tener también un abogado por si las moscas, que en el deporte moderno dan positivo, por lo que se ve, hasta quienes no toman nada.
