Fischer justifica los atentados del 11-S
Para el genio del ajedrez son respuesta a los crímenes de EE UU y los judíos.
Bobby Fischer hubiera sido un genio en cualquier actividad. Un coeficiente intelectual de 184, superior al del mismísimo Einstein, unido a una proverbial capacidad de trabajo, hicieron de él el mejor jugador de todos los tiempos, capaz de derrotar a Spasski y a la todopoderosa máquina de la antigua Unión Soviética en 1972.
Un imperio de cientos de miles de jugadores, médicos, psicólogos, computadoras, superado por una sola persona. Fue una proeza casi imposible de creer, como lo son también las últimas declaraciones de Fischer a una emisora filipina.
"Los crímenes perpetrados por los judíos y Estados Unidos en Japón (bomba atómica), Irak y Palestina han hecho que donde las den las tomen", declaró con cierta alegría el Gran Maestro de Chicago, de 58 años, tras el atentado contra las Torres Gemelas y el Pentágono.
Las últimas informaciones sitúan a Fischer en Japón después de que abandonara Hungría, donde residió desde 1992 a 1999. La violación del embargo decretado por EE UU contra Yugoslavia, documento sobre el que escupió públicamente, le obligaron a dejar definitivamente su país, al ser condenado a 10 años de cárcel. "Espero que el ejercito de EE UU dé un golpe de estado, mande a los negros a Africa y a los blancos a Europa, y que en América sólo queden sus primitivos habitantes, masacrados injustamente durante siglos", manifiesta.
Fischer tiene una fijación especial con los judíos, pese a que su padre, un físico alemán al que nunca conoció, era de esta creencia. Acusa a los judíos de ser los causantes de una campaña de desprestigio contra su persona y del embargo de sus bienes en Estados Unidos, donde además fue detenido y torturado tras ser confundido con un atracador de banco en 1981.
Las pocas personas que han tratado con Fischer desde que desapareció de la escena pública en 1972, tras renunciar a defender su corona ante el ruso Karpov en 1975, y reaparecer nuevamente contra Spasski en Montenegro 20 años después, hablan de él como de una persona generosa, que cuando sólo tenía unas dólares en el bolsillo y sin apenas nada para comer era capaz de gastarse todo el dinero en comprarle un regalo a un amigo.
Todo eso después de haber renunciado a contratos millonarios de publicidad, como el de una conocida marca de champú: "Yo no puedo anunciar algo que no sea bueno para el cabello", fue su contestación.
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Bobby Fischer profesionalizó el ajedrez y gracias a él los maestros disfrutaron de condiciones que nunca habían soñado. Nunca quiso comerciar con su nombre y siempre rechazó cualquier ayuda, incluso cuando con 15 años fue el Gran Maestro más joven de la historia.
Fischer desapareció, aunque sigue estudiando ajedrez y haciendo importantes aportaciones como el reloj y los sistemas de tiempo que ha adoptado la Federación Internacional (FIDE) desde hace cinco años. El estadounidense es también un firme defensor del sistema random, en el que se sortea la situación de las piezas al comienzo de la partida, lo que haría inservibles los miles de libros escritos de aperturas. Y es que para Fischer "el ajedrez es la vida" y por eso ha vivido, vive y vivirá para él las 24 horas del día.