Necesitó sangre
El Madrid tuvo que tirar de Figo ante un Lanzarote peleón.
El voluntarioso Lanzarote peleó como gato panza arriba, honradamente. Cayó con dignidad. El Real Madrid liquidó la eliminatoria con algún sobresalto porque el rival citó a una pelea en corto, de muchas piernas y bravura hasta desangrarse, como curiosamente le sucedió a Figo, provocando una imagen para la historia de la Copa. Pero nunca le corrió el miedo por el cuerpo al conjunto madridista, porque desde el primer balón se observó una abismal diferencia de nivel entre los contendientes. Y eso que Del Bosque se atrevió, en maniobra de cierto riesgo, a dejar en el banco a Zidane, Helguera, Morientes y al propio portugués.
Casi media hora invirtió el Real Madrid en saber andar sobre la hierba artificial. Ya no era una cuestión de jugar, que ese problema sería posterior y más grave. Como primera prueba, los blancos debieron superar la indomabilidad del balón. Mientras conseguían esta confianza, el Lanzarote fue escarbando en las debilidades madridistas, especialmente torpedeando a una defensa inestable y una medular donde sólo Makelele se ganaba el sueldo robando decenas de balones. Celades aburría con su toque y marcha atrás, a la vez que Macca y Solari nunca se encontraron cómodos por las bandas.
No hablemos de fútbol. No hubo. Lo que intentó el Madrid fue el empujón para arriba. Una nueva táctica para situaciones de inadaptación colectiva. Guti fue la excepción, pues se empeñó más que nadie en mover el tobillo con cierta exquisitez, buscando fisuras en la disciplinada defensa lanzaroteña. Y por su habilidad llegó el esperado gol blanco, anunciado con un remate de Munitis de cabeza al larguero. La ventaja parecía echar al baúl las tres ocasiones construidas antes por el Lanzarote, con Jonathan y Santana en plan figura. Pero no hubo rendición.
Al contrario, los punzantes delanteros del Lanzarote observaron la escasa jerarquía de Karanka, a quien la ausencia por lesión le pasó una tremenda factura, y el bajonazo de Geremi, concluyendo en que podían hincar el diente. Y con esa fe encontraron la vía para el empate. En realidad, estaba cantado, y le estuvo bien empleado al Madrid por no estar a la altura de las circunstancias. Santana adornó su noche con una asistencia de cabeza a Vladimir, perfectamente aprovechada. A falta de juego, llegó la emoción.
Del Bosque debió ver el horizonte nuboso. Puso a Figo en campo en el descanso. Hacía falta brío, verticalidad y alguien que despertara a Munitis. Aunque esto último nunca se produjo. El Madrid movió un poquito mejor, cerró espacios tomándose más en serio el partido y encontró la ruta del tesoro. Un camino de espinas por la rudeza del Lanzarote, que dejó huella abriéndole la cabeza a Figo con una aparatosa brecha.
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Guti, con ganas todo el encuentro, rompió el empate antes de la hora de juego. Se acabó el sueño local. Por pura cadencia el Madrid fue creciendo y manteniendo el ritmo, mediocre ritmo digamos, imposible de resistir por parte del Lanzarote. Así llegó el tercer tanto en un córner con sencillo remate de Pavón, dando brillo al trabajo que el chaval había hecho, desdoblándose en defensa y en ataque.
Resuelto el marcador, llegó el momento para el solista. Zidane saltó al campo y con una suave melodía de apenas veinte minutos dejó un sabor dulce para el espectador. De estar más finos, Figo y Guti habían goleado.