El fútbol anárquico es positivo
Quisiera desenmarañar ciertas expresiones cotidianas que tienden a confundir sobre el maltratado concepto de la anarquía, utilizado habitualmente como sinónimo del desorden en el espectro futbolístico.
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La anarquía, lejos de indicar desorden, expresa el compromiso individual por lo colectivo. La anarquía no es desorden, sino un nuevo orden, mutable a las necesidades del colectivo. En lo futbolístico, el juego anárquico no puede ser emparentado con propuestas como la de Víctor Espárrago, Javier Clemente o Aimar. La anarquía no es la acumulación de brutos en detrimento del individuo, sino la gestión libre de virtudes del futbolista, un compromiso más cercano a propuestas como la de Ferrer i Guardia. El futbolista potencia en el campo sus virtudes, y sobre ellas construye su identidad. Tal propuesta no puede ser reducida a una discusión sobre tal o cual dibujo táctico; el fútbol anárquico corresponde más bien a la visión de la relación del futbolista con el todo, cualitativamente diferente al modelo de fútbol globalizador.
El fútbol anárquico debe responder, en tanto que elemento socializador, a una educación en positivo, como refleja la experiencia del técnico luso Melchior Ordonhes en las escuelas infantiles de la China actual, o el trabajo de varios entrenadores.