El cachondeo del doping
Anda el mundo del deporte revuelto por los casos de doping, y no precisamente sólo por el de Guardiola. El ciclismo, cómo no, tiene unos cuantos casos pendientes, y dos de ellos nos han afectado, pues los nombres de Llaneras y Del Olmo se vieron salpicados por unos positivos con EPO. Ahora resulta que el de Llaneras no lo fue. El caso es de juzgado de guardia, porque un positivo no puede salir a la luz hasta conocer el resultado del contraanálisis. Perplejidad, porque este se hace con la misma orina que el análisis. O sea, que algo ha fallado. Si el método de detección en cuestión no es fiable, apaga y vámonos.
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Esto no puede seguir así, esto es un cachondeo. El positivo de Del Olmo pareció ser tan evidente que su equipo, el Euskaltel, no quiso seguir contando con él. Mas nada ocurrió. Fichó por un equipo portugués y nadie le ha dicho que esté sancionado. Su asunto duerme en los cajones de la Federación Española a la espera de que los métodos de detección que emplea la UCI sean fiables al 100%, algo que ponen en duda, y con razón, todos aquellos corredores a los que pilla. El problema se extiende como una plaga, porque no sólo sucede en el ciclismo. Basta recordar el caso de la atleta rusa Yegorova este verano.
Yegorova dio positivo en un control realizado en Francia. La Federación Internacional de Atletismo dijo que no la podía sancionar, porque no reconocía el control de orina si no estaba acompañado del de sangre. Yegorova corrió en los Mundiales de Edmonton, entre las airadas protestas de algunas de sus rivales, y fue precisamente la que ganó a Marta Domínguez, quien no se quejó lo más mínimo por la presencia de la sospechosa en la final. Si no se creen los análisis que se hacen es absurdo seguir con ellos. Ahora, eso sí, es muy difícil encontrar EPO a alguien que no se lo hayan inyectado.
