Leer AS, un gustoso menester
Hace ya algún tiempo que día a día tengo (y si no lo tengo, lo busco o se lo araño a otros menesteres y rutinarias cosillas que siempre aparecen al llegar a casa después del trabajo) mis 30 minutos en los que me entrego a la lectura ágil, concisa, llena de ironía y con una calidad meridiana (no exenta de sentido del humor) del Diario AS. Esa media horita me produce relajación, descanso, paz (en ese espacio de tiempo está prohibido el requerirme; o sea, "no estoy") y una formidable satisfacción interior. Es más, a partir de septiembre y casi hasta finales de marzo, procuro que esos 30 minutos tengan vida a última hora de la tarde, por la noche o antes de irme a la cama (hora en la que el silencio es tan puro, tan limpio, que suelo doblar el tiempo estipulado para este apetecible y gustoso menester). Día a día mi relación con AS mejora... sin prisa pero sin pausa (de la misma forma que intento mejorar en mi caminar diario por la senda de la vida... sin prisa pero sin pausa).
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Tenéis variedad, cantidad y calidad. Y, sinceramente, la cobertura que hacéis de todo tipo de deportes y el trato que dispensáis a la sección Más deporte me llena de satisfacción.
De nuevo, muchas gracias. Y con respeto y admiración, os animo a seguir en la misma línea de objetividad y profundización. En mi caso, esa treintena de minutos (necesarios, personales) supone un desahogo, una evasión, una leve sensación de utópica felicidad. Esa treintena de minutos me ayuda a cargar las pilas, a relajarme y a prepararme para, al día siguiente, seguir mi caminar por la vida... sin prisa pero sin pausa.