Maniobras clandestinas
Óscar Sevilla tiene contrato en vigor con el Kelme. Eso lo sabe cualquier persona relacionada con el ciclismo. Y si no lo sabe, no tiene más que llamar al Kelme y preguntarlo. Por eso, que Manolo Saiz le preparase una emboscada para ver cómo se lo puede llevar a la ONCE es feo. Bien está que los equipos españoles hayan hecho un pacto de no agresión, y lo cumplan, para no quitarse ciclistas pagando sus cláusulas de rescisión. Mal está que Saiz se haga el encontradizo con Sevilla, según reveló éste, y comparta mesa y mantel con él para llenarle el corazón de ilusiones, y el bolsillo, de millones.
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Sevilla debió pasar un trago en la sobremesa. Él gana 75 millones al año. Una fortuna. Y está contentísimo. Pero delante tenía a un personaje que tiene en su equipo a tres corredores con menos futuro que él, que cobran casi el doble y a los que en la Vuelta dio un repaso. O sea, que si se dejara querer podía doblar sus ganancias en un abrir y cerrar de ojos. Menuda tentación. Sevilla no cayó en ella porque es un tipo sin malicia, un buenazo. Le explicó que a él le quedan dos años de contrato, que quizá se ampliaran, que la cosa estaba difícil, que en fin... Muchas gracias por la comida y hasta la vista.
Es feo también que la todopoderosa ONCE busque medios arteros para debilitar al Kelme, cuya sangría de ciclistas es notoria. En cuento uno despunta, ¡zas!, lo ficha un grande. La única manera de protegerse es con contratos renovables, lo que no es bastante; luego llega el US Postal y se lleva de un plumazo a Heras y Rubiera, porque los equipos extranjeros no se han comprometido a ningún pacto. Por eso, que en España los pocos directores que hay quieran llevarse bien y haya uno que maniobre desde la clandestinidad, ahora que se sabe todo dice que la comida estaba pactada es motivo de censura.
