Liga de Campeones | Real Madrid

El Oro de Masopust

AS encontró al Balón de Oro de 1962 en Praga, el mejor jugador de todos los tiempos en Checoslovaquia se abrazó con Di Stéfano, Gento y Amancio.

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Es con toda probabilidad el Balón de Oro más anónimo de la historia de tan prestigioso trofeo. Quizás sólo los más estudiosos del fútbol o los más veteranos aficionados recuerden que en 1962 el checo Josef Masopust tuvo el honor de ser distinguido como mejor futbolista de Europa. Fue el 6 del Dukla de Praga. Un jugador inagotable, correcaminos, de gran técnica, con llegada a gol. El orgullo de aquella Checoslovaquia que llegó a la final del Mundial de Chile 52, cayendo ante la todopoderosa Brasil por 3-1, con arbitraje rencoroso del soviético Mister Latichev.

Masopust nació el 9 de febrero de 1931 en Strimice. Logró el Balón de Oro con 31 años, casi en los últimos latigazos de su carrera. En Checoslovaquia apenas se celebró. A las autoridades comunistas no les gustó tanta gloria para un solo hombre. El Dukla, equipo de la Armada, amarró a su estrella bajo amenaza política para evitar su marcha a equipos europeos que suspiraban por contratarle. Él soñaba con fichar por aquél Real Madrid imponente de las Copas de Europa que hoy, a sus 70 años cumplidos, recita casi de memoria.

AS encontró a Masopust en Praga. Hasta la reciente derrota de la selección Checa en Bélgica era asesor de la Federación. Ahora han fulminado al staff técnico. Vive en una modesta vivienda de un barrio con inconfundibles edificios de la época comunista. Lo sabe todo sobre fútbol porque pasa horas pegado a su televisión con parabólica. A pesar de ser uno de los pocos elegidos para presumir de Balón de Oro, no rezuma el orgullo por aquél galardón. Pero le emociona, con un reflejo entrañable en su mirada, la cita con un periodista español para que cuente cómo se es un héroe anónimo.

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Masopust nos recibió en el lobby de un hotel próximo a su domicilio. Transpira una sapiencia futbolística aplastante. Es un hombre de mundo. Chapurrea varios idiomas y tiene nociones de español, que aprendió en sus giras por América con el Dukla en los sesenta. Estamos ante el mejor jugador checo de todos los tiempos. Ama a España y su vicio confesable es seguir la Liga al dedillo.

Masopust se abrió a AS muy pronto. Aceptó trasladarnos a su domicilio para mostrarnos el tesoro: su Balón de Oro del 62, el auténtico. Tanto gozo debería tener nuestra réplica. Le invitamos a saludar a viejos amigos: Di Stéfano, Gento y Amancio. Se emocionó. No lo esperaba.

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