Las frivolidades se pagan
El Madrid ha fichado a un base para su equipo de baloncesto. Tenía tres, pero uno, Raúl López, se lesionó de gravedad. Le queda Djordjevic y Toñín Llorente. Dos bases, por lo que se ve, son muy pocos para aguantar toda la temporada. Sobre todo cuando uno, Toñín Llorente, apenas cuenta. Su fichaje fue una frivolidad y el Madrid paga ahora las consecuencias. Ha tenido que fichar a toda prisa a otro. Lo ha encontrado en Jaumin, un belga que asombró en el Unicaja y que ahora estaba en el paro tras su paso por el Apollon Patras, un modesto equipo griego de segundo nivel.
Noticias relacionadas
No parece serio el tema. Primero se ficha a un jugador de 37 años, que está en el ocaso de su carrera, que no jugó en el Madrid ni cuando estaba en plenitud, con la excusa de que como compañero de entrenamientos es envidiable. Para eso no era necesario ficharle, se le invita a entrenarse y punto. Su aportación como jugador es mínima: 21 minutos, 16 de ellos obligados porque ya se había lesionado Raúl López, y cero puntos en los nueve partidos que van de la ACB. Y como Llorente está de convidado de piedra, ahora se trae a un jugador que si estaba sin equipo es que ya no sería tan bueno.
Esto sucede en un club al que Sergio Scariolo, como director de baloncesto, ha dotado de una organización que incluye tres subdirectores, un ojeador, un coordinador, un jefe de prensa y una persona encargada de las relaciones con el jugador, más dos secretarias y una ayudante de prensa. Scariolo, además de entrenar, rodeado por un cuerpo técnico de once personas, manda. Y mucho. Incorpora a un veterano y encuentra a un parado. Para este viaje no hacían falta tantas alforjas. Parecen ligerezas impropias de la imponente estructura que ha creado y en la que, por lo visto, la cantera apenas cuenta.
