Mané Garrincha
El primer Mané conocido fue Garrincha, un extremo tan extraordinario que muchos brasileños sostienen todavía y le cuentan a quien quiera oirles que el más grande fue él y no Pelé. De Garrincha se cuentan mil anécdotas. Una de ellas la protagoniza el defensa lateral sueco que iba a marcarle en la gran final del Mundial del 58. Al hombre sueco le decían que Garrincha sólo tenía una jugada: para el balón, lo adelanta lo justo y sale corriendo a la vez que tira un quiebro eléctrico. El sueco se encogió de hombros y preguntó: "Sí, eso es lo que hace Garrincha, ¿pero cuándo?"
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Con nuestro Mané de casa, el de Vitoria, el que está agrandando la leyenda del entrañable Mendizorroza, pasa algo parecido. Parece fácil hacer lo que hace él en el Alavés. Cuatro fieles, otros cuatro reclutados por ahí con buen ojo, tres que vendo, cuatro que compro y ¡hala!, a la final de la UEFA o a cazar el segundo puesto de la Liga. La pregunta sobre este Mané recuerda la del sueco aquel sobre Garrincha: sí, eso es lo que hace, ¿pero cómo?
Algún secreto debe haber, pero está claro que nuestro Mané ficha como nadie, maneja grupos como nadie, entiende de tácticas, pizarras, dibujos y todas esas cosas como nadie y es un estratega fenomenal. Mané es el Garrincha de nuestra Liga: un monstruo.