Las estrellas solas no ganan

Juan Mora
Importado de Hercules
Actualizado a

Pau Gasol ya sabe lo que es ganar un partido en la NBA. Y Jordan, ya casi se ha olvidado de ello. Éste cada vez anota más puntos —su último partido fue un escándalo, 44 puntos, el 43,5% de la anotación de su equipo—, pero los Wizards no hacen más que perder; ya suman seis derrotas consecutivas. Parece mentira que un equipo que tenga a un Jordan pletórico no sea capaz de ganar. Si no se rompe esta trayectoria negativa, la estampa del mito se puede deteriorar. Acabará dando la impresión de que el único que juega es él, de que todos sus compañeros le dan el balón para su lucimiento.

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La imagen que nos había dejado Jordan era la de un jugador imprescindible, porque los Bulls entraron en barrena cuando los dejó por última vez. Llegó al extremo de que en la campaña 1999-00 los Bulls necesitaron seis partidos para conseguir su primera victoria, 17 para la segunda y 29 para la tercera. Acabaron la temporada con 17 victorias y 65 derrotas. Cuando Jordan aceptó jugar con los Wizards nadie se planteó que pudiera ganar el título, pero sí que su aportación fuera a ser más relevante para el equipo. Éste presenta a estas alturas el mismo balance que hace un año: dos victorias y siete derrotas.

Esto es una lección para la codicia que muestran los clubes a la hora de fichar. No siempre la estrella garantiza los triunfos. En España ha habido precedentes. Hubo fichajes que dieron gran espectáculo, proporcionaron triunfos, pero les faltó regularidad. Por el Madrid han ido pasando los mejores jugadores europeos, algunos fueron después a la NBA, y a pesar de ello se le escaparon unas cuantas ligas: la 82-83 con Delibasic, la 88-89 con Petrovic, la 94-95 con Sabonis y la 96-97 y 97-98 con Bodiroga. Todos eran pequeños Jordan, triunfaron, pero el equipo perdió cinco ligas. ¿Dónde está el negocio?

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