Nuestros campeones envejecen

Juan Mora
Importado de Hercules
Actualizado a

La eliminación de Ferrero nos corta de raíz la posibilidad de terminar el año de una forma brillante. Ganar el Masters es como ganar un Mundial, pues en él se citan los mejores jugadores del mundo, incluidos los vencedores de los cuatro torneos que forman el Grand Slam. Hubiera sido un título oficioso, pero importantísimo, sobre todo este año en el que el deporte español no ha tenido demasiadas ocasiones para felicitarse. Campeones del mundo, o similares, sólo hemos tenido seis; tres de ellos, en deportes olímpicos. En este sentido nos quedamos igual que el año pasado.

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Freire ganó el Mundial de ciclismo; Muehlegg -un campeón alemán nacionalizado-, el de esquí de fondo; Sheila Herrero sumó cuatro títulos en los Mundiales de patinaje; las selecciones de waterpolo y hockey sobre patines se impusieron en sus respectivos Campeonatos del Mundo, y Joane Somarriba ganó el Tour, que es la competición ciclista por etapas más importante del calendario. Todos estos deportistas revalidaron títulos anteriores. Buena noticia, porque mantienen su altísimo nivel. La mala noticia es que este año la producción de campeones se ha paralizado.

Si no hay nuevos campeones y la mitad de los que teníamos se han retirado, están en la etapa final de sus carreras o luchan contra serios contratiempos -casos de Antón, Fiz, Arantxa, Conchita, Crivillé, Sainz, Ballesteros, Carballo- el panorama no es muy alentador. O se comienza a hacer una apuesta fuerte por los que vienen detrás o esto se va al traste. El colosal éxito de Barcelona 92 vino precedido de una exquisita preparación de nuestros olímpicos, planificada desde las alturas hasta el más mínimo detalle. Para Atenas 04 se echa de menos un proyecto. El dinero, por sí solo, no es bastante.

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