Primera | Real Madrid 2 - Sevilla 1

Arte y remate

Zidane jugó su mejor partido en el Madrid, llevando al equipo hacia una victoria consolidada con dos goles de Morientes.

VOLVIÓ EL GOLEADOR. Morientes encontró portería por dos veces, tras un largo periodo de sequía. El equipo felicitó a su goleador.
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Hemos visto a un jugador imperial. Hemos disfrutado de Zinedine Zidane en todo su esplendor. Apareció ayer en el Bernabéu para diseñar arte con el balón. Un toque aquí, una bicicleta elegante allá, un robo de balón con clase, un control imantado, un pase de gol...esencia sin estridencias. Desde el trampolín de su elegancia se fabricó una ajustada victoria con otra buena noticia para el madridismo: Morientes recuperó el remate del nueve. Le costó trabajo, ha sudado sangre para lograrlo, pero al fin encontró red y lo hizo por dos veces. El Sevilla aceptará la derrota porque recibió muchos golpes en el mentón, pero a su favor diremos que no se rindió ni cuando el partido apuntaba a goleada blanca. Al contrario, de su disciplina táctica robó un balón tonto a Makelele para llevarlo a la portería de Casillas, imprimiendo a los últimos minutos un suspense que nunca antes tuvo el partido.

El Real Madrid jugó bien. En algunos momentos llegó a hacerlo muy bien. Esto ya es una novedad frente a la gris irregularidad que ha venido significando al equipo durante la Liga. Y si hemos de buscar una razón, la más inmediata se refiere a la consolidación de Zidane en el esquema de doble pivote, con Raúl como falso carrilero izquierdo. El francés se encontró cómodo, acompañado, protegido y liberado. Suficientes parámetros para esperar lo mejor de quien es un número uno. No defraudó, sino asombró. Ha vuelto pletórico de Australia. Ni siquiera la brusca barrera levantada a base de patadas por Podestá y Casquero fue un estorbo para desarrollar su fútbol plástico, de largo recorrido y autoritario.

El Madrid se sintió confiado desde el arranque. Un zambombazo de Roberto Carlos al palo anunció su recuperación y un cabezazo de Raúl al larguero abrió un horizonte sin nubarrones para los blancos. Los escarceos del esperado Reyes en el bando sevillista no apuntaron con justicia la calidad del chaval en la delantera. Pero se le vieron formas muy interesantes en dos arrancadas que pusieron en alerta a Hierro y Pavón. El Sevilla tuvo en la constancia su virtud, pero se le echa en falta aquella tradicional pincelada de tronío en las botas de algún jugador. Su resistencia presentaba demasiadas limitaciones. Iba a soportar los envites casi hasta la campanada del descanso, pero una eléctrica triangulación Zidane-Raúl-Morientes puso el marcador en una justa ventaja.

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El Sevilla perdió pegada y capacidad de sorpresa cuando en el descanso se quedaron en la ducha Podestá y Reyes. Zidane ya era el emperador y su cómplice, Morientes. Allá se fue el 9 de Javi Navarro en una arrancada preciosa para establecer el segundo con fino toque a la red. Momento de máximo confort para los blancos, regodeados con una vaselina de Raúl que puso en pie al Bernabéu.

En este engranaje perfecto chirrió una biela. Makelele quiso ejercer de Zidane y perdió mortalmente un balón. Moisés, un delantero eterno, lo llevó hasta la red. Otra vez las angustias, otra vez la ansiedad del Madrid. Del Bosque había sustituido a Morientes en una maniobra precipitada por un atropellado Munitis. Malo. El balón se escapaba del control y el técnico cortó con el cuchillo del jamón: Figo por Macca. Ese Figo que sigue ofreciéndose a cuentagotas, que se escapa a zonas laberínticas para perderse en la nada. Macca tampoco dio lecciones, pero se dejó el pellejo defendiendo. La nave se enderezó y Zidane salió por la puerta grande.

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