Tenis | Masters masculino

Un tenista con sacerdote

Goran Ivanisevic viajó durante algunos años acompañado de un cura.

Goran Ivanisevic, que hoy se medirá a Ferrero, durante su partido de ayer ante Kafelnikov.
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Goran Ivanisevic, el rival con el que se medirá hoy Juan Carlos Ferrero, es un tenista distinto. Durante varios años viajó por el mundo acompañado de un cura croata. "Le gusta el tenis", solía contestar cuando le preguntaban por su peculiar compañía. Pero era más que un amigo, casi un asesor espiritual.

Ivanisevic alterna el carácter jovial y el depresivo. Él mismo confiesa que ha pagado más dinero en multas por romper raquetas de lo que han ganado algunos jugadores en premios. "En mi hombro llevo tatuada una cruz rodeada de rosas y un tiburón. La cruz la llevo porque... porque es una cruz. Las rosas porque significan amor. Y el tiburón porque es un símbolo, un animal. Y soy un poco todas estas cosas".

Después de ser tres veces finalista de Wimbledon, se hundió en la clasificación mundial hasta el puesto 129. Así terminó la pasada temporada. Sin opción de jugar los grandes torneos, tuvo que disputar challengers, competiciones menores plagadas de niños hambrientos de gloria. "Era una estrella y la vida me ha cambiado. Ahora si quiero entrenarme debo pagar 10 dólares de fianza que pierdo si no devuelvo las bolas. Y lo que es peor, ya no me dan las toallas", dijo entonces.

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Admitió que esta temporada podía ser la última (tiene 30 años), pero entonces llegó la invitación del All England Tennis Club. Los ingleses tienen memoria. Y ganó su torneo.

Ivanisevic, que nunca ha jugado con Ferrero, ya ha cumplido el sueño de su vida. Eso puede ser una ventaja para el español. El croata asegura que la hora del adiós está cerca y que luego le gustaría ser actor de cine. Mientras tanto, se entrena con el Hajduk Split y continúa su colección de Porsches (ya tiene ocho). El cura ya no viaja con él. Dicen que se quedó en Wimbledon.

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