Aún nos queda una vergüenza

Juan Mora
Importado de Hercules
Actualizado a

El deporte es reflejo de la sociedad. Para lo bueno (la solidaridad, el esfuerzo) y para lo malo (la violencia, el doping). En una sociedad machista, la mujer siempre estará discriminada en el deporte. Cada vez menos, porque se intenta evitar, pero lo está. Prueba de ello es que en nuestra sociedad hay un Instituto de la Mujer, y no del Hombre, y en el deporte, el secretario de Estado presentó entre sus planes la creación de la Fundación Mujer y no de la Fundación Hombre. Que haya una ministra de Deportes, compartiendo cartera con Educación y Cultura, es poco. El ejemplo no ha cundido.

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¿Dónde hay mayoría de mujeres directivas en el deporte? En las sociedades matriarcales. Hay que buscarlas en la Polinesia. Allí está Palau, donde la mujer ocupa el 43% de los cargos del comité olímpico nacional. En contraposición, en los de Argelia y Emiratos Árabes no hay ninguna. En España tampoco podemos presumir. En la ejecutiva del comité olímpico sólo está la infanta Pilar de Borbón, lo que representa el 4,3% de representación femenina, fiel reflejo de lo que pasa en las federaciones. Si no hay presidentas, difícilmente podrá haber mujeres en el Comité Olímpico Español.

Afortunadamente, esta discriminación, quizá no intencionada, pero sí real, no se da entre las practicantes. En este apartado, al deporte español sólo le queda una vergüenza. La Federación de Ajedrez contempla la categoría femenina. No impide a las mujeres competir con los hombres en la categoría mixta, pero sí tiene una clasificación exclusiva para ellas, lo que supone un insulto a su inteligencia. Alguien se ha dado cuenta de tan bárbara discriminación y el próximo año ya sólo habrá una categoría. No podía ser de otra manera cuando Judith Polgar se dispone a disputar el título mundial.

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