Con un par de chancletas

Actualizado a

Hace unos días me quedé perplejo viendo el telediario de una televisión que, todo sea dicho en honor de la verdad, no era TVE. Un periodista enviado especial en la guerra de Afganistán nos ofrecía un pequeño reportaje sobre las tropas de la Alianza del Norte. Según el intrépido reportero aquella gente no era fiable, porque había jóvenes, casi niños, adultos, casi viejos, y su equipo era tan deficiente que, -entonces la cámara mostraba los pies de un combatiente muy joven- en lugar de buenas botas, como los soldados occidentales, aquellos harapientos llevaban chancletas.

Supongo que, visto lo que ha ocurrido, con la toma de Mazar-i-Sarif y la misma capital Kabul, el reportero habrá querido meterse en el más profundo agujero que haya encontrado. Aunque bien es verdad que ese tipo de errores es común en nuestro días y responde a un desconocimiento profundo de lo que está ocurriendo en esa zona de Asia Central.

Desde hace dos mil años las tierras sobre las que se encuentra el Afganistán moderno han sido ocupadas por persas, griegos, romanos, mongoles, británicos y rusos. Es decir que el mito extendido estos días de que en Afganistán nadie había puesto el pie tampoco se mantiene. Lo que sí es cierto es que en los últimos 200 años los dos grandes imperios, el ruso y el británico, confluyeron en esta tierra y dejaron buena parte de sus ansias de expansión y también algunos miles de soldados.

Por eso cuando oí lo de las chancletas pensé para mis adentros lo equivocada que estaba aquella información. En un momento me vino a la cabeza la imagen de una expedición a unas montañas cercanas, no hace tantos años, cuando yo iba caminando con los pies helados y el ánimo encogido por el relente del amanecer y a mi lado venía un porteador calzado con unas sencillas chancletas, de esas con una tira en el centro para meter los dedos, cantando alegremente y con una carga de 25 kilos a la espalda.

Noticias relacionadas

Muchos de esos porteadores que se ganan la vida con estas expediciones no han cumplido todavía los 16 años mientras otros ya han rebasado los 50, lo cual teniendo en cuenta que el promedio de vida en esos parajes es de unos 52 años, viene a ser sinónimo de anciano.

Pero ninguno de ellos dejó de andar ese día más de ocho horas a 5.000 metros de altitud. Yo, desde luego, no soy un experto militar ni un analista político. No tengo una varita mágica para profetizar qué es lo que va ocurrir. Pero creo que puedo adelantar en exclusiva para los lectores de AS dos previsiones para el futuro: el conflicto de Afganistán seguirá dándonos que hablar durante mucho tiempo y las chancletas de los afganos no determinarán el valor ni el coraje que emplean y emplearán en las batallas futuras.

Te recomendamos en Polideportivo