Pánico al fracaso 51 años después
Ucrania atemoriza a Alemania, fija en los Mundiales desde 1950.


Mis jugadores habrían preferido que el partido se jugara el martes, o el lunes, que se jugara cuanto antes para evitar tantísima presión. La frase es de Rudi Völler, a quien la camisa no le llega al cuello. El bueno de Foela, que aceptó el encargo de ser seleccionador tras el positivo por dopaje de Christoph Daum, no se ha visto en otra igual.
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Toda Alemania tiene los ojos puestos en el Westfalenstadion de Dortmund, donde la Mannschaft se juega el ser o no ser ante Ucrania. La ida acabó en tablas (1-1) y hoy, la afición confía en que el pasaporte para el Mundial no se decida a un cara o cruz, es decir, en los penaltis. Sería un sufrimiento sin precedente para un país que no falta a la fase final de una Copa del Mundo desde 1950.
Ucrania tiene ante sí la oportunidad de hacer historia. La ocasión de tumbar a un grande (se uniría a Holanda en la lista de ausencias más destacadas del Mundial, ¿faltará Brasil?), la ocasión de añadir lustre al historial de una nación aún en pañales (independiente desde 1991). "El pase daría a nuestro pueblo una confianza y repercusión económica similar a la que conoció Alemania cuando logró el título mundial en 1954", afirma Grigori Surkis, presidente de la Federación Ucraniana de Fútbol.
Le vale el 0-0. Alemania parte con ventaja, ya que le vale el empate sin goles, precisamente el resultado de su último batacazo (ante Finlandia). Pero el 0-0 es un arma de doble filo, sobre todo viendo quién lidera a Ucrania, Shevchenko, especialmente motivado con el runrún del Balón de Oro en la Prensa de media Europa. En Alemania, Völler cambia su delantera: Jancker y Neuville relevan a Zickler y Asamoah. A más miedo, más experiencia.