Tenis | Masters masculino

Kuerten, Agassi y Hewitt en lucha por el número uno

La derrota de Kuerten ante Ivanisevic deja en el aire el trono mundial. El Masters decidirá quién es el próximo rey del tenis.

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Es el balón de oro del tenis. Acabar como mejor jugador mundial pertenece a otra categoría de premios, más elevada, más sublime. Un torneo lo puede ganar casi cualquiera, hay campeones de Grand Slam que fueron tiros al aire (Krajicek ganó Wimbledon), pero ningún membrillo acaba como número 1 porque no hay suerte que dure un año ni pardillo que la merezca.

Kuerten (ahora líder), Hewitt y Agassi se juegan el privilegio. Al empezar el Masters el australiano estaba a 48 puntos de la cabeza; Agassi a 87. Tras la derrota ayer de Kuerten ante Ivanisevic y las victorias de sus dos perseguidores la diferencia se ha reducido 20 puntos, el bonus por partido ganado en el Round Robin. Un triunfo en semifinales se premia con 40 puntos; la final con 50. Pero el verdadero premio gordo sería para el campeón invicto del torneo: 150 puntos. Tiene gracia. Acumulan tanto dinero que acaban peleando por puntos, como multimillonarios que terminaran por jugar al póker con garbanzos.

Lo cierto es que todo amenaza a Kuerten, el mejor tenista de 2000 y último ganador del Masters, ahora con peinado Jackson Five. Tampoco él parece empeñado en batir récords. Da la impresión de que esta temporada hubiera necesitado más playa y más surf, su otra pasión. Últimamente le falta frescura y eso es todo en un tenista tan silvestre como él.

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Qué decir de Agassi. Que su vida es un ferry del infierno al paraíso, de Brooke Shields a Steffi Graf, de las greñas a Míster Proper. En 1997 terminó el año el 122 del ránking. Dos tempordas después acabó el primero. Su vida disipada se tropezó con Steffi, la chica de la pista de al lado. Y nació Jaden Gil, un niño que debería hacer dejadas con el sonajero. La felicidad es caprichosa y, de momento, hace volar a Agassi, que barrió a Rafter en la primera jornada. Pese a sus 30 años queda en él la determinación de su padre, Emmanuel Agassian, un emigrante armenio que a los 17 años participó en los Juegos de Londres 1948 representando a Irán en el equipo de boxeo. Acabó en Las Vegas, pero esa es otra historia.

Y por fin, Lleyton Hewitt el niñato insoportable y el jugador tan bueno como arrogante, esos aires de superioridad que permiten luchar contra gigantes. En su cabeza está lo mejor y lo peor. En el US Open se dirigió desafiante al juez de silla y, refiriéndose a un línea de raza negra, le dijo: "Mírale, mírale a la cara y dime a lo que te recuerda". Entre gritos de racista se proclamó campeón. Tiene 19 años, será el número 1 más joven de la historia y espera en su esquina del ring a su único adversario natural, su reverso, Juan Carlos Ferrero, el nuestro.

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