Órdago en Sydney
Ferrero jugó la pasada madrugada contra Kuerten un partido a vida o muerte. Hewitt derrotó a Agassi y está a ocho puntos del número uno.

Será mejor acostumbrarse a su cara, porque tendremos Hewitt (pronunciar Jigüit) para rato. El muchacho, que reconoce que todavía tiene un póster de Agassi en el garaje de su casa, también cuenta desde ayer con un traje, el que le hizo a su ídolo (6-3 y 6-4) y que deja al americano sin opciones de terminar el año como número 1. Todas las posibilidades están ahora del lado del australiano, al que sólo separan ocho puntos de Kuerten, líder del ránking.
Precisamente, Kuerten se jugó esta pasada madrugada cuarto y mitad de su trono ante Juan Carlos Ferrero, el nuestro, que tiene un par de cuentas pendientes con el brasileño en forma de dos semifinales de Roland Garros. Hay un trauma en juego, la cosa es seria. Además, el perdedor de ese partido se despedirá de las semifinales del Masters por la puerta de atrás. Hoy también jugarán Ivanisevic-Kafelnikov y Agassi-Grosjean.
Pero la jornada de ayer no sólo fue la enésima confirmación de Hewitt. Rafter perdió ante el francés Grosjean por 7-6 (7-4) y 6-3, en un anticipo de lo que será la final de la Copa Davis (30 de noviembre al 2 de diciembre). Bien es cierto que entonces se jugará sobre hierba (también en Sydney), pero que no se fíen.
Cuando Grosjean y Rafter se dieron la mano al terminar su partido parecían Cary Grant y un repartidor de pizzas, porque el francés es un tenista atípico por estatura (1,73) y aspecto anodino. Pero cuidado, que es buenísimo, constante, chicloso (más que fibroso), incansable. Otro nombre para recordar (pronunciar Grohllan, si es que pueden). Con él valdría lo que dijeron de Miguel Ángel Jiménez el año de su eclosión: "El mejor jugador desconocido del mundo". Pues eso.
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No obstante, todo lo ajeno a Lleyton Glynn Hewitt quedó ayer en chascarrillo. Entre otras demostraciones de poder presente y futuro, el niño arrebató a Agassi el cinturón de mejor restador del mundo. McEnroe (mezcla de Norman Bates, Mozart y Faemino) asegura que el carácter del australiano le recuerda al suyo. Es verdad. También lo es que Hewitt venía avisando hace tiempo. A los 13 años dejó de jugar al fútbol australiano (especie de rugby jugado por Pablo Alfaro) y se dedicó al tenis. Ese año viajó a Europa y ganó los tres primeros torneos que disputaba en su vida sobre tierra batida. Con 16 años ya hizo morder el polvo a Agassi. Ganó seis torneos antes de los 18 (Borg logró 16, pero esa es otra historia).
Su película favorita es Rocky y antes de los partidos escucha The Eye of the Tiger (El ojo del tigre). "No necesito libros para motivarme". Tiene razón, sólo necesita libros.