La españolización del ciclismo

Juan Mora
Importado de Hercules
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«Cuando Indurain se retiró en 1996, la pregunta surgió de inmediato: ¿Y después, qué? Después, la nada. Es lo que parecía, porque se iba sin dejar sucesor. Han pasado cinco años y comienza a recogerse la siembra. No ha salido ningún otro Indurain, pero han aparecido ciclistas debajo de las piedras. Los chavales que con 15 años querían ser como Indurain viéndole por la tele, perseveraron y ahora son ciclistas. Malos o buenos, pero ciclistas. Tantos, que no caben en España, donde sólo hay seis equipos profesionales. Y se tienen que ir a equipos extranjeros o quedarse en el paro.

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«Los mejores, casos de Freire o de Heras, se van también al extranjero pero por causas diferentes. Son tan buenos que les fichan los equipos más poderosos o ricos. Se van con algunos compatriotas y eso deja más sitio en España a los que vienen detrás. Pero ni con esas se cubre la cada vez mayor oferta, pese a que en España los equipos apuestan por sus ciclistas, lo que es de alabar. Sólo el 12% de las plazas están ocupadas por corredores extranjeros, pese a que el ciclismo nunca ha reparado en la nacionalidad de sus practicantes. En este sentido, es un deporte adelantado a su tiempo.

«Cuando hoy todavía otros deportes debaten que si tantos extranjeros o que si fulanito es comunitario B o no, el ciclismo no tiene esos problemas. Vale con que el equipo tenga un solo corredor más de la nacionalidad donde esté afincado. En España podría haber medio centenar de ciclistas extranjeros y hay poco más de una docena. Es algo a tener en cuenta. Los equipos han apostado por la españolización porque han visto que así cuentan con el apoyo de los aficionados. No tenemos más que ver el cambio que dio la ONCE. Jalabert le dio triunfos, pero no el cariño del público.

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