Ferrero no se rinde
Perdió ante Kafelnikov por 4-6, 6-1 y 7-6 (7-5) en su estreno en el Masters. Para clasificarse debe ganar ahora a Ivanisevic y Kuerten.

Es como controlar un cohete con una sartén. Imaginen a un amigo que pone su coche a 200 km/h (es más espeluznante si piensan en su mujer) y a ustedes en medio de la carretera con la paellera de Villa Abajo. Así se resta un saque de Kafelnikov o de Ivanisevic. Es un triunfo darla, un éxito que entre. Pista rápida. Ferrero parecía en algunos momentos el pianista en el saloon, jugó mal, falló casi todo y pese a tanta calamidad, a nadar fuera de su tierra batida, estuvo a punto de ganar.
Kafelnikov, que ha jugado siete Masters y conoce el asunto, venció por 4-6, 6-1 y 7-6 (5) en dos horas 17 minutos, pero sufrió como talibán a la carrera. El ruso vivió de su saque y de su pundonor, que todo hay que reconocerlo aunque el protagonista sea uno de los personajes más extraños del circuito (apenas habla, gruñe).
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Fiel a su estilo, Kafelnikov no dejó mascullar contra el juez de silla (llegó a llamarle incompetente), al que no paró de protestar porque la red estaba más alta de lo reglamentario. Lo cierto es que tanto él como Ferrero se estrellaban con demasiada frecuencia en la cinta. Parecía un ardid de un tenista con el cerebro como una turmix.
Al final, al terminar el partido, se midió la altura de la red y se comprobó que estaba cinco centímetros más alta de lo normal, lo que demuestra, ya demasiado tarde, que Kafelnikov no está loco, sino que los demás circulamos en sentido contrario. Aquello fue una anécdota. Ferrero no ganó porque le falta servicio, a pesar de haberlo mejorado esta temporada. Perdió porque no ajustó las bolas a las líneas y porque cuando lo intentó rozaba las gafas de una señora sentada en primera fila. Tampoco acertó cuando restó con su revés a dos manos. La inspiración viene y va, pero el saque da de comer en estas pistas, donde se confirman los más grandes campeones.
Apunta alto. Y Ferrero va camino de luchar con Hewitt (y quizá Roddick) por ser el mejor jugador del mundo. Le ha bastado emplearse a fondo en la primera parte de la temporada para ser cuarto del mundo (quinto tras perder ante Kafelnikov). No se sabe la lección en pistas tan rápidas como las del Masters, pero ya está en condiciones de ganar a cualquiera con un poco de viento a favor. Incluso a Ivanisevic y Kuerten, sus próximos rivales. El croata parecía estar en las últimas, pero con la extrema unción ha ganado Wimbledon, donde también fue invitado, y ayer se cargó a Kuerten por 6-2, 6-7 (2-7) y 6-4. Precisamente el duelo contra Kuerten será un buen momento de quitarse de encima el trauma que ronda a Ferrero desde que perdió en semifinales de Roland Garros. No en vano, el español sumó ayer su quinta derrota en seis partidos y ha perdido los últimos cuatro tie-breaks que ha disputado. Su crisis necesita un exorcismo, brasileño a más señas.