Tenis | Masters masculino

Música maestro

Juan Carlos Ferrero luchará contra los mejores tenistas del mundo en Sydney, donde hoy comienza un Masters que decidirá quién es el número 1.

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El día que los descubran los jóvenes antiglobalización estarán perdidos. Y es que el Masters masculino cada vez se parece más a una reunión del Fondo Monetario Internacional. Vean. El campeón del evento se llevará unos 270 millones de pesetas por vencer en cinco partidos. Para quien gane un solo encuentro, premio de ocho millones de pesetas. Y los que tengan una mala semana y pierdan hasta la camisa recibirán 16 millones sólo por participar. Y dicen que es un juego. Ja.

Quizá no sea más que un reflejo de la realidad desmesurada que vive el tenis. En 1970 Stan Smith, primer campeón del Masters, recibió un cheque de dos millones de pesetas. Desde entonces todo participa de una sobredimensión que no termina de explotar y que sólo parece justificada por los nebulosos derechos de televisión. Lo dicho, habrá lío cuando los muchachos mezcla de Gandhi y María Ostiz descubran el pastel.

Y los banqueros, por lo menos, vienen con el traje puesto, pero en el caso del Masters es la organización la encargada de proporcionar chaquetas y corbatas para la foto oficial. Son prendas poco habituales entre las estrellas del tenis, más afines al calzón corto y al polo chillón. En el momento del retrato parecen una reunión de viejos alumnos. Pero no se engañen porque apenas se hablan. Y no es que se odien; simplemente no se tratan.

Un ex campeón español explicaba bien el ensimismamiento en el que viven los jóvenes tenistas. "Cuando no están entrenando se pasan el tiempo jugando a las cartas entre compatriotas, sin relacionarse con otros compañeros. En una ocasión uno me vio abrazar con afecto a una persona de mediana edad y me preguntó: ‘¿Quién ese tío al que saludas con tanta reverencia?’ Ivan Lendl, contesté".

Probablemente ese no será nunca el caso de Ferrero, el representante español en el Masters. Es un joven poco afectado, dicen que peligrosamente alejado del clan catalán. Cuando no era nadie repetía sin parar que quería ser número uno, presa de una determinación casi androide.

El trauma. Pero la carrera fulgurante que nació en la heroica Copa Davis de Barcelona sufrió un enorme revés cuando Ferrero perdió en semifinales de Roland Garros contra Kuerten. Entonces el joven con el mentón de cómic se vio mortal y vulnerable. La primera parte del año había resultado una sucesión de éxitos. Fue en esos meses cuando ganó cuatro torneos y su pasaporte para el Masters. Pero aquella derrota en París fue un trauma. Tanto, que desde ese momento no volvió a pasar de cuartos de final en ningún torneo. Sydney es un buen lugar para que recupere su identidad.

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Su compañero de promoción, Lleyton Hewitt, ha sido la sensación de la temporada. Nadie ha jugado más y mejor. Hasta el punto de que luchará con Kuerten por acabar el año como número 1 del ránking. También opta a ello Agassi, pero papá André tiene una cara de felicidad que invita más a comprar el periódico y una docena de churros que a batirse el cobre en la pista. A Sampras, ausente del evento por primera vez en doce años, le pasa algo parecido.

El Masters tendrá otros alicientes. Como ver a Rafter el hermoso, que anuncia su retirada a final de año, o presenciar el extinto juego de Ivanisevic, invitado por ganar Wimbledon, pese a ser 13º del mundo. La organización quiso reunir a todos los ganadores de Grand Slam del año y de paso se acordó de los 100.000 croatas que viven en Sydney. Hay que hacer caja señores, que esto no es la beneficencia.

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