¡Pobre Estudiantes rico!

Martín Tello
Redacción de AS
Actualizado a

El baloncesto ha alcanzado tal nivel de perfección técnica que fabricar un equipo campeón es labor de orfebrería, como un reloj suizo. Estudiantes elevó este año su presupuesto a 1.500 millones de pesetas, cambió de entrenador y renovó la mitad de la plantilla, pero se ha equivocado en la elección de piezas. La máquina está desajustada. Sobran pívots, falta un alero anotador y falta un director de orquesta con calidad y empuje.

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El Madrid, en cambio, parece haber subsanado las carencias del año anterior. La llegada de Ramón Fernández como subdirector técnico empieza a dar sus frutos. Ayer estaba más vulnerable que nunca (bajas de Raúl e Iturbe, y Djordjevic griposo) pero le salvó el corazón... y el peso específico de la plantilla. Fue un derby horrible que Estudiantes se empeñó en perder y que el Madrid ganó por simple cuestión de carácter.

Y en medio de todo, Felipe Reyes, a quien la oferta madridista ha convertido en hombre de 120 millones. Ayer sumó tres puntos en sus tristes 11 minutos sobre la cancha. Aíto tiene razón cuando se queja de quienes exigen trato de estrella antes de alcanzar un mínimo brillo. La historia del baloncesto está llena de grandes proyectos que se han frustrado por la acción negativa de representantes, padres, novias o hermanos. Estudiantes se puso la soga al cuello al retener a Felipe Reyes (600 millones, 5 temporadas) y ahora está en peligro de estrangulamiento económico y deportivo.

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