Tenis | Copa Federación

A por la final

España, gracias a Arantxa, derrotó a Alemania y luchará hoy contra Bélgica por un puesto en la final. El público será fundamental para vencer a un rival superior.

BUENA PAREJA. Arantxa y Ruano, que no jugaban juntas desde hace ocho años, le dieron al equipo español el punto de la victoria ante Alemania.
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Cuentan que nació tres años después de que a su madre le dijeran que no podría volver a tener hijos. A aquel médico le ganó en dos sets. La llamaron Aranzazu Isabel María, lo que significa Vamos Arantxa en el mundo de las pelotas (y las raquetas). No fue la historia de Sissí Emperatriz porque la niña Arantxa cayó en un salón de baile repleto de divas del tenis. Allí estaban Chris Evert (arrebatadora), Steffi (fascinante) y Navratilova (zurda). Cualquier otra hubiera recogido el atillo y se hubiera hecho un curso CCC. Pero no. Ella montó una academia de automotivación. Es muy español eso de que puesto que no se me esperaba me voy a quedar.

Representó bien el prototipo de héroe patrio, inferior en principio pero capaz de sobreponerse a base de coraje y pelea. Es un atributo psicológico conocido científicamente por "a mí el pelotón que los arrollo". Doce años después de su primer Roland Garros (ella tenía 17), Vamos Arantxa resiste al paso del tiempo. Ayer nos salvó del sonrojo de una derrota trapera ante el discretísimo equipo de Alemania. Conchita perdió el primer punto ante Mueller (103 del ránking), una niña de 19 años sin trapío (1,63) pero con ganas de comerse el mundo. Y Martínez, ya se sabe, no está para aguantar ardores juveniles. Perdió 6-1 y 7-5. Quizá fue la lesión que le ha impedido jugar desde Wimbledon. Quizá su eterno desmayo. Quizá ese servicio a la remanguillé.

El fantasma del fracaso. Hubo que tirar de Arantxa. Otra derrota nos hubiera dejado fuera de la Copa Federación. Y por la puerta de atrás. Hubiera significado también la defunción del tándem mágico, el carpetazo a una época gloriosa. Bien es cierto que Arantxa se medía a una rival, Rittner, a la que había vencido en trece ocasiones, pero quien tanto muerde el polvo gusta de esperar a la vuelta de las esquinas.

No hubo sorpresa. Media docena de dejadas burlonas terminaron por desquiciar a la alemana (7-5 y 6-3). El público se entregó en cuanto percibió la entrega y aquello recordó, por fin, a la Copa Davis. El doble lo jugaron Vamos Arantxa y Virginia Ruano ante Mueller y Lamade. Tras un cierto sofoco (6-3, 2-6 y 6-0) las cosas se pusieron en su sitio a la espera del gran día, hoy (13:30 horas) ante la gran favorita Bélgica. Quien gane se meterá en la final de mañana.

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Las belgas Clijsters y Henin son dos de las mejores jugadoras del mundo. Sólo levemente inferiores a las hermanas Williams, Hingis y Capriati. Pero las distancias se acortan. El único defecto conocido de Clijsters es su noviazgo con Lleyton Hewitt (nadie es perfecto). El único problema de Henin es su fragilidad física, porque su tenis es exquisito. Si ambas estuvieran en una pastelería, la primera sería un gofre y la segunda un After Eight.

El sueño de España es que Arantxa o Conchita ganen uno de sus partidos individuales, para jugarse la final en el doble, en lo único que somos superiores. Pero no nos dejemos llevar por la depresión. Porque está la gente. Y su aliento. Y en este deporte, que castiga con un reproche general que una oronda espectadora se levante durante un punto, una pandereta puede generar efectos devastadores.

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