Ni sí ni no, sino todo lo contrario
Respuesta comprometida para una pregunta obligada. ¿Es bueno para Fernando Alonso permanecer una temporada apartado de la competición? Yo, al menos, no me atrevería a pronunciarme taxativamente en uno u otro sentido, porque son tantos y tan significativos los factores a considerar que hacerlo supondría un atrevimiento.
Lo primero que no hay que olvidar es cuál era la alternativa a convertirse en probador de Renault. Para un piloto de su talento y edad, permanecer un año más en la cola del pelotón, al volante de Minardi que anda menos que el carro de la Cibeles, no parecía un plato de buen gusto, porque tanta frustración es capaz de minar la moral del más pintado, incluso teniendo las ganas, el pundonor y la calidad del ovetense.
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Por el contrario, sentarse al volante de un coche diseñado para ganar en un futuro inmediato puede ser una experiencia valiosísima para Fernando. Incluso aunque no sea para correr, hacer miles de kilómetros auspiciado por uno de los mejores equipos de la F-1 le reportará un bagaje determinante para su progresión como piloto. Además, esta opción no hace sino confirmar que Renault apuesta sin concesiones por su joven promesa, que su interés al ficharle no era una simple pose.
Ahora viene el pero. Nos quedamos sin un español en los grandes premios y restar uno a dos es mal asunto. Sólo Pedro de la Rosa nos representará en la élite del automovilismo, lo que puede suponer un serio frenazo al interés general por la disciplina. Alonso es el futuro, eso nadie lo duda, pero también era un presente del que nos veremos privados en 2002. Es verdad que está sembrando para recoger, pero no es menos cierto que en los tres últimos años ya nos habíamos acostumbrado a nuestra parejita en las parrillas (junto a Pedro, primero Marc Gené y después Alonso). Habrá que tener paciencia y seguir confiando en que lo mejor está por llegar.
