"Gasol es delgadito, pero tiene carácter"
O'Neal: "Si ha dicho que soy imparable, es que es un tío inteligente".


Hace un pegajoso día de niebla cerca del aeropuerto de Los Angeles, en N555 Nash Street, El Segundo. Esa es la sede del club más famoso del baloncesto mundial: Los Angeles Lakers. Allí se fueron en 1999, cuando abandonaron el Forum de Inglewood y su gloria mitológica. Y allí, en la mañana neblinosa del Health and South Training Center, se entrenan los Lakers a las órdenes del hombre que amasó seis títulos de la NBA con los Bulls de Michael Jordan y trajo a LA los dos últimos anillos: Phil Jackson. "Si tienes en tu equipo a Kobe Bryant y a Shaquille ONeal, ¿para qué demonios entrenar? Los Lakers no necesitan entrenador", apunta agudamente Jerry Sloan, entrenador de Utah Jazz, al que los Lakers derrotaron dos veces la semana pasada.
Pero los invencibles Lakers (4-0 en esta Liga, con los Memphis Grizzlies como próximo rival, el viernes) sí están entrenándose. De amarillo, los titulares; de azul púrpura, los suplentes. Van acabando. "Será mejor que no le hable a Shaquille ONeal de los tiros libres", dice John Black, el jefe de relaciones públicas. Shaq es como un gran osito, chuleta y cordial. O una pequeña montaña de 215 centímetros, 150 kilogramos y hombros como mazas. Sentado, ONeal recuerda el Lakers-Grizzlies de pretemporada: "Me fijé en Gasol, porque nuestro manager general, Mitch Kupchak, estuvo en el Eurobasket de Turquía y habla muy bien de él. Siempre tienes curiosidad por un novato de Europa. Gasol es muy alto, pero skinny (delgadito). Contra nosotros enseñó mucho carácter: no le importa pelearse y lucha con agallas en las zonas. Pero necesita más músculo en su tren superior si quiere jugar bien aquí".
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Precedente. Gasol logró 12 puntos y 10 rebotes en aquel partido del 23 de octubre, pero los Lakers destrozaron a los Grizzlies: 128-94. Después, Gasol diría que "contra Shaquille no se puede hacer nada". "Si dijo eso, se ve que es un tío inteligente. Déle mi enhorabuena". Shaquille, que odia las defensas en zona, se ríe y sus hombros parecen a punto de estallar bajo los tatuajes de Superman y Man of Steel (Hombre de Acero).
Entretanto, alguien no ríe en la pista de El Segundo: Kobe Bryant disfruta pulverizando al base Lindsey Hunter, que ha osado retarle a un uno contra uno. La rapidez y la elevación de KB no son de este mundo. A Bryant, aislado en su combate singular, no se le puede hablar de Gasol ni de los tiros libres. "Sólo piensa en el partido que vamos a jugar el 12 de febrero contra los Wizards de Jordan. Le prometo que ese va a ser un día interesante para todos", vaticina Shaquille. Después, Bryant se va en un Ferrari F-40 negrísimo, seguido por un guardaespaldas. Y, entre la niebla, sale como un Fórmula 1. Hay rugidos de goma tan achicharrada como Lindsey Hunter. Si estos tipos siguen así, que alguien rece una pequeña oración por el resto de la NBA.