El Gobierno hace las paces con Arantxa

Juan Mora
Importado de Hercules
Actualizado a

Arantxa Sánchez Vicario y Conchita Martínez recibieron ayer la máxima distinción del deporte español: la Gran Cruz de la Real Orden al Mérito Deportivo. Concederla es un privilegio que se reserva el mismísimo Consejo de Ministros. Se trata, pues, de una potestad del Gobierno y que se realiza después de analizar pormenorizadamente los pros y los contras. Que se entregue a Aranxta significa el reconocimiento público de que ya no es una defraudadora, pese a que desde 1996 Hacienda le reclamara 625 millones de pesetas por no pagar sus impuestos fiscales en España.

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Arantxa fijó su residencia en Andorra en 1989 por las ventajas fiscales que le daba. Allí pagaba el 25% de impuestos, cuando en España la presión fiscal le obligaría a pagar el 56%. Su caso no era el único. En su misma situación se encontraban deportistas como Crivillé o Bruguera, pero el caso de Arantxa fue el más sonado porque entró en litigio. Los inspectores llegaron a efectuar un registro en el domicilio de los padres de la jugadora en Barcelona y también en la masía que tiene en las afueras de la ciudad a nombre de una sociedad, en busca de pruebas para demostrar que ésas eran sus residencias.

Así era, pero como Aranxta no tenía propiedades en España y pagaba, en cambio, durante todo el año las facturas de agua, luz y teléfono de su casa en Andorra, la Agencia Tributaria no encontraba manera de sacar el caso adelante. El año pasado hubo una solución que pareció salomónica: el Tribunal Económico Administrativo de Cataluña anuló las sanciones que perseguía la Agencia Tributaria, que tenían un recargo del 150% sobre los 625 millones, y Arantxa decidió volver a fijar su residencia en España. Hechas las paces, el Gobierno ha elevado a Aranxta, junto a Conchita, a los altares.

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