Heróes anónimos
Hablamos y no paramos de las superestrellas en las vísperas del partido. Los Balones de Oro, los cracks, las estrellas...Y nos olvidamos injustamente de los héroes anónimos. Aquellos que ayer se metieron en las madrigueras del derby. McManaman por parte del Madrid y Puyol en la escena barcelonista.
Del Bosque estuvo ayer tan vivo como lo precisaba el encuentro. El técnico ojeó con astucia el dominio azulgrana, en la envolvente que le hacían a Zidane entre Xavi y Gabri, con un apoyo más difuminado de Cocu. En seguida tomó del brazo en la banda a Hierro para transmitirle la orden: "Dígale a Macca que apoye a Zizou, para descargar también a Figo". Una maniobra decisiva para amortiguar el mejor arranque del Barça. Sobre todo porque el inglés asimiló la responsabilidad con rigidez británica. Como una orden del mando mayor. Se puso codo con codo con el francés y, por si quedaba algún fleco, se arrimó a la banda de Figo para aliviar al portugués de la presión de Coco y Cocu. Fue un trabajo continuo durante los noventa minutos, apreciable por el público y agradecido por el equipo.
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Macca es un hombre tranquilo y esencialmente feliz. Si juega, sonríe; si calienta banquillo, hace equipo. Confesemos que en alguna alta esfera del club no disfruta de parabienes. Su estilo de juego no transmite cuando anda frío, cuando no mete el turbo. Ayer tapó algunas bocas. Quizás porque se empleó en la lucha como pocas veces se le ha visto. Se multiplicó, apareció por el césped con ánimo de colaboración incansable. El mejor McManaman nunca visto.
Enfrente, otro héroe anónimo, el joven Puyol. Si le pusieran un cuentakilómetros lo reventaba. Subió la banda, defendió y colaboró más allá de sus estrictas funciones. Lo peor para él fue su solitaria pelea. Quizás tanta entrega le pasó factura en algún despiste zonal. Pero, atención, aquí hay un lateral de categoría.