El prestigio no tiene precio

Juan Mora
Importado de Hercules
Actualizado a

Fue una triste despedida. Deportivamente, innecesaria. Ver a dos campeones mundiales, uno al borde del colapso, a dos kilómetros de distancia del ganador, y otro luchando para no ser adelantado por una mujer, no es agradable. Fiz y Antón ya habían tocado techo. Habían sido los más grandes. Estaban inmortalizados en nuestro recuerdo como dos héroes: victoriosos, brazos en alto, disputándose incluso la victoria al sprint, dejando tirados a sus rivales, corriendo majestuosos hacia la meta. Todo ese prestigio se ha ido al traste. Se lo jugaron a cambio de 54 millones de pesetas.

Noticias relacionadas

Es una cantidad desproporcionada para dos atletas que contribuyeron a una gran puesta en escena -entrenamiento con Aznar incluido- y que corrieron para hacer caja, gracias a los buenos haceres de su agente, Mostaza, comisión incluida del 15%. Para ello, el ayuntamiento, con la excusa del 2012, se puso a disposición de los organizadores, una empresa del grupo Nozar con intereses inmobiliarios en la ciudad. Accedió a que Madrid tuviera dos maratones al año, cortó las calles por sexto domingo consecutivo y dispensó a esta nueva carrera unos favores que no concede a la Maratón Popular de Madrid.

Nuevo recorrido, salida más tarde, imposición de que Madrid 2012 diera 10 millones y acceso gratuito de los corredores al Metro fueron algunas de estas atenciones, cuyas dos primeras resultaron lesivas para los madrileños al cerrarles las calles no ya hasta mediodía, como sucede en la Maratón Popular, sino precisamente a partir de entonces. La excusa fue que así Madrid se promocionaba por televisión. Para ello, la ciudad ya tiene su maratón, con mayor inscripción incluso, y que a los ciudadanos no les pilla de improviso, pues ya tiene 24 años de antigüedad. El agravio municipal merece una respuesta.

Te recomendamos en Polideportivo