El arte sevillano en estado puro

J.J.Santos
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Si no se lo dijo a Florentino, seguro que lo firmaría de igual modo: "Presidente, ¿usted quiere fichar a un delantero centro o a una monja?" Diego Tristán, cansado de tanta mala fama, de tanto rumor de que trasnocha y le gusta la juerga, se defendió como mejor puede, acreditando su condición de delantero centro puro, delantero moderno, fino estilista, capaz de levantar de sus asientos al más tranquilote y de desesperar al mayor de sus forofos. El arte no se puede cuestionar y menos si hablamos de arte futbolístico venido del Sur.

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Tristán siempre le echó narices al asunto. Dejó con un par al paternalista Lopera. No dudó en aprovechar la subida de la ola en cuanto explotó en Mallorca. Superó el trauma de una negativa del Madrid, negativa atropellada en medio de la vorágine electoral. Y tampoco dudó en plantar cara al bendito Irureta cuando éste le hizo pasar por el aro de las rotaciones de moda. Vamos, que no se corta. Y eso, precisamente eso, es lo que le hace especial dentro de un terreno de juego.

Y nos queda lo mejor. Nos queda disfrutar con sus goles en la Selección. Aunque Camacho no ha demostrado un gran apego a su juego, la evidencia no le deja salidas. Será pieza clave en el próximo Mundial. Podrá destapar el tarro con la tranquilidad que le da haberse consagrado en Europa tras deslumbrar en nuestra Liga. Dicen que falla goles cantados. Pues si no lo llega a hacer, destroza las estadísticas. Es, ahora mismo, el delantero con mejor porcentaje de acierto teniendo en cuenta los pocos partidos que todavía ha jugado en Primera. Insisto, discutir sobre Tristán es ofensivo.

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