El ciclismo intercambia cromos
ibanesto.com se ha llevado a uno de los pilares de la ONCE: Iván Gutiérrez. El ciclista acababa su contrato, su equipo le ofrecía la renovación por 43 millones, el rival le daba 55, y aquí paz y después gloria. En el ciclismo es habitual que los mejores corredores pasen por todos los grandes equipos. Casos como los del Chava, que jamás ha cambiado de equipo y ya va para diez temporadas, son excepcionales. Ahora mismo, la ONCE tiene a Zarrabeitia y a Miguel Ángel Peña, que años atrás fueron corredores del Banesto. No se trata de cobrar venganza, sino aprovechar lo que queda libre en el mercado.
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El ciclismo no es como el fútbol, donde los contratos son a largo plazo. Por eso se recurre tan poco a las cláusulas de rescisión, y cuando esto sucede se forma gran escandalera. No hay más que recordar cuando Blanco se fue al Vitalicio, y Heras, al US Postal. Los contratos por dos temporadas permiten gran movilidad y así ha habido incluso corredores de ida y vuelta entre los dos tradicionales grandes equipos del pelotón español, casos de Garmendia y Mauri, éste hasta por dos veces: empezó en el Reynolds (87), origen del Banesto, pasó a la ONCE (90), fue a Banesto (94) y regresó a la ONCE (95).
También se han dado casos de ciclistas de prestigio que han vestido las dos maillots: Olano y Zülle. Dada la notoriedad de ambos, sí se apreciaba un pique en los equipos que les ficharon para demostrar que con ellos rendían más. Kelme no entra en estas guerras. Tiene un equipo tan bueno, o mejor, que los dos grandes, y ahí están sus últimos resultados, pero le falta presupuesto para retener a sus figuras o fichar las que aparecen en otras formaciones. Esto mismo le sucede al Euskaltel. Son equipos condenados a surtir a los grandes, como le sucedió al Vitalicio con su desaparición. Dinero manda.
