Violines y trompetas
Me encanta leer a SS. Me gusta esa materia grasa, pero no espesa, con la que unta sus opiniones. Pero aún me encandila más cuando rezuma, cuando se escurre, como involuntario y espontáneo, abandona la lírica casi virtual y entra, por solaz de confusos como yo, en el terreno de lo real, de lo bueno, tan distinto muchas veces de lo ideal. Le leo, es muy prolífico; y le guardo. Y un día llama profetas del equilibrio a quienes piensan que orden y equilibrio, lo que no excluye talento, picardía y manejo sutil, son esenciales en una tribu futbolera, para luego reconocer que "el desequilibrio madridista le expone a situaciones críticas".
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Cuando, antes del panorama plano que ofrece el Madrid hoy, dije que o Del Bosque aseguraba la cintura o se sometía a los alardes, aquello parecía anatema. Luego mi admirado SS escribe: "El Madrid ha mandado al carajo la táctica y se ha entregado al rapto de las estrellas". Y ahí estamos ahora. Recuperado un poquito el balance, no aparecen los violines. El fútbol tiene pocos misterios; por eso todos creemos saber de él.
A los blancos de la Liga no les suenan los solistas. Figo es una sombra trabajadora, angustiosa, que no produce su cuota de abastecimiento -cuando se pierde velocidad se abandona la banda y se busca el centro-, y Raúl, muy participativo, no encuentra su tesoro: el gol. No tengo dudas sobre la recuperación de Raúl. Encontrará la manera de embocar. Pero urge el retorno. Porque si no afinan, terminarán haciendo parecer inútil a Zidane y poniendo en peligro la brillante gestión del Centenario.